El colecho ha sido desde siempre motivo de polémica. Durante muchas décadas la postura oficial marcaba que los niños debían de dormir fuera de la habitación de sus padres desde el primer momento y que eso les ayudaría a ser más independientes y a que el matrimonio pudiera tener una mayor intimidad.

Pero hoy, el pensamiento ha cambiado. Sabemos que todos los mamíferos al nacer buscan a su madre y la protección que esta les ofrece. Y que lo habitual en el mundo animal es que las crías duerman donde está la madre, que les ofrece protección.

Los niños, por instinto, buscan esa protección para el momento del sueño, que es cuando estamos más indefensos y por eso es normal que se duerman mucho mejor en brazos de su madre o de su padre. El niño obtendrá protección y se encontrará seguro lo que también le ayudará a ser un niño con menos traumas.

El colecho evita también las pesadillas nocturnas y los que lo defienden tienen claro que el niño, de forma gradual, querrá dormir en su cuarto según vaya teniendo la madurez suficiente para afrontar la noche solo, lo que puede variar de unos niños a otros.

Colecho y alimentación natural

Otro de los aspectos que ha sido más determinante para el éxito del colecho es que la madre puede alimentar al niño sin tener que levantarse e ir a otra habitación, lo que favorece su descanso. Dado que puede ser peligroso que el bebé duerma en la misma cama que los padres, muchos optan por una cuna que se une a la cama.

El bebé está al lado de sus padres, especialmente de la madre que es quién lo alimenta, pero a la vez tiene su propio refugio. Cuando el niño demanda alimento, la madre solo tiene que tomar al bebé en brazos y darle de comer.

Contras del colecho

Los que hablan en contra del colecho afirman que esto puede causar un problema en la pareja, ya que no tiene un espacio propio y una intimidad. La habitación de los padres es el lugar en el que ellos pueden hablar de sus cosas a solas o mantener relaciones y el que haya niños allí les dificulta todo esto obligándoles a buscar otros momentos para estar a solas.

Otro argumento es que los niños suelen tener un sueño inquieto y es normal que se muevan, den patadas o se destapen, lo que puede interferir en el descanso de los padres. Incluso aunque la cama sea muy grande, hay niños que se atraviesan y se las ingenian para molestar durante toda la noche.

Por último, también hay quien opina que no es del todo higiénico que un niño pequeño duerma compartiendo espacio con dos adultos y que debería de tener sus propias sábanas y su propio colchón.

En definitiva, cada familia tiene que estudiar los pros y los contras de esta práctica antes de decidirse por una opción o, tal vez, por un colecho solo durante la época de la lactancia.