Las dolencias cardíacas provocan alrededor del 50% de las muertes por enfermedad en los países desarrollados, lo que en España supone casi 70.000 víctimas al año. El infarto de miocardio es responsable de casi 15.000 muertes anuales. Los principales factores que facilitan la aparición de estos trágicos resultados representan hábitos muy extendidos entre la población.

El exceso de grasa de origen animal en la dieta, el consumo excesivo de bebidas alcohólicas, el consumo de tabaco (en particular de cigarrillos por su elevado contenido en nicotina e hidrocarburos ligados al papel del cigarrillo) y el incremento de la vida sedentaria debido a un creciente uso de elementos mecánicos como es el caso del ascensor, el coche, etc. son hábitos que no ayudan a prevenir los infartos.

Los factores psicológicos ligados a la vida moderna donde el estrés, el nerviosismo, la ansiedad y la irritabilidad alteran el ambiente hormonal de nuestro cuerpo, favorecen el envejecimiento prematuro de las arterias. Lo mismo ocurre con la ausencia de control regular de algunas funciones o características orgánicas (tensión arterial, peso corporal, etc.) cuyas alteraciones afectan directamente a la actividad cardiovascular.

Abuso de nuestro propio cuerpo existiendo, en muchos casos, ausencia de los necesarios periodos de descanso (dormir lo suficiente) como para que se pueda rehabilitar del esfuerzo diario. Estos factores tienen efecto sumatorio, se añaden unos a otros; como resultado el corazón se sitúa al borde del infarto. Debemos reducir al mínimo la incidencia de cada uno de estos elementos y para ello nada mejor que conocerlos y controlarlos.