Si estás a punto de hacer una reforma en tu hogar seguro que te has visto tentado por los espacios abiertos. ¿Son realmente tan cómodos y útiles como nos venden? ¿Encajan en todos los tipos de familia? Veamos los pros y los contras de esta moda en decoración.

Las grandes ventajas de los espacios abiertos

Una de las principales ventajas de los espacios abiertos es que ofrecen la posibilidad de aprovechar al máximo el espacio útil de la casa. Desaparecen los pasillos, que muchas veces se comen muchos metros y también los tabiques, por lo que todo parecerá más amplio y más luminoso.

Muchos padres desean espacios abiertos para poder tener un control de los niños mientras realizan otras tareas de casa, como por ejemplo cocinar. Así, pueden echar un vistazo a la sala sin tener que salir de la cocina y los niños pueden hablar con los padres sin problemas.

También es positivo cuando se celebran reuniones familiares o con amigos. Se evita que la persona que cocina y su ayudante queden aislados de la conversación y de todo lo que ocurre en el comedor o en la sala. De esta manera, se pueden tomar los aperitivos todos juntos sin tener que apretarse en la cocina o sin que el cocinero desatienda sus funciones.

Al tener un espacio más amplio y abierto es mucho más fácil distribuirlo y crear diferentes ambientes. No hay que limitarse a los huecos que cada habitación marca, sino que se pueden crear rincones con ambientes muy concretos, como un lugar para lectura.

Las grandes desventajas de los espacios abiertos

Los que poseen espacios abiertos dicen que una de sus principales desventajas es la falta de intimidad. Esto sucede especialmente en familias con niños. A veces, un adulto necesita trabajar o, simplemente, estar un rato a solas. Con los espacios abiertos esta posibilidad se reduce a los dormitorios, ya que la sala, el comedor y la cocina estarán comunicados.

Dado que la mayoría de las casas no son demasiado grandes, esto supone que si un niño está jugando en la sala de estar o viendo un programa de dibujos animados, no será posible aislarse en la cocina o en el comedor.

Otra de las cosas de las que más se quejan los que tienen espacios abiertos es de que el desorden es mucho más evidente. Cuando todo está dividido es más fácil cerrar una puerta y que una visita no pueda ver que todavía no se ha recogido la mesa o que hay platos sucios en el fregadero. En los espacios abiertos, desde que se abre la puerta de la calle, todo queda a la vista.

Por último, los olores también pueden ser un problema. Al cocinar hay que tener cuidado de no despistarse con la campana extractora y tener una de una gran potencia. De lo contrario, los olores de la comida pueden llegar a la sala de estar e impregnarse en las tapicerías, cortinas o alfombras. Esto es todavía peor en el caso de que algo se queme o de olores tan penetrantes como los del pescado.