El depósito de calcio y minerales en los huesos es máximo durante la tercera década de la vida y, al igual que sucede con un plan de pensiones, todo lo que hayamos ahorrado en minerales en el hueso hasta ese momento, será nuestro capital para el resto de la vida.

Cada uno de los huesos que forman parte de nuestro cuerpo está formado por láminas de tejido óseo que son el resultado de la unión de células (osteocitos) rodeadas por completo de minerales como el calcio, bicarbonatos, fosfatos, etc. Estas láminas, que vienen a ser como un papel, se depositan una sobre otra al igual que sucede con las capas de una cebolla y forman estructuras más densas, más duras, más resistentes. Al fin y al cabo lo que conocemos como hueso. Por ello, la osteoporosis se presenta con mayor frecuencia hacia los 40 ó 50 años, cuando existe poco depósito de calcio y minerales en los huesos.

Cada hueso es una estructura viva ya que las células y los minerales que forman parte de él se renuevan continuamente. Esto hace que diariamente debamos aportarles minerales que ayuden a formar nuevas láminas y eliminar las antiguas. Este proceso de renovación se ve favorecido por la actividad física (el movimiento aumenta la llegada de sangre a los huesos y con ello de minerales y vitaminas), la presencia de hormonas en la sangre como los estrógenos de la mujer y una alimentación rica en verduras y hortalizas; circunstancias éstas que son más frecuentes hasta los 25-30 años de vida.

Hábitos sociales y culinarios que influyen en la osteoporosis

Para conseguir aportar minerales y vitaminas a los huesos, es necesario tener en cuenta una serie de medidas. El ejercicio, siempre que sea con carácter moderado -sin grandes agobios y practicado de forma regular- favorece la llegada de más sangre a los huesos y con ella de calcio, magnesio, vitaminas, etc. Está demostrado que aquellas personas que caminan, corren, andan, hacen gimnasia de mantenimiento o practican el golf, la pala, o el tenis, 2-3 veces por semana en sesiones de al menos 30 minutos tienen, a cualquier edad, mejores huesos que aquellas más sedentarias.

Son numerosos los hábitos sociales o culinarios que interfieren la llegada del calcio y otros minerales al hueso. Por ejemplo, hay que reducir el consumo de sal ya que con ella aumenta la cantidad de calcio que se elimina por la orina. El tabaco es un hábito perjudicial para el hueso ya que, sobre todo en el caso de la mujer, disminuye la actividad protectora que las hormonas femeninas -los estrógenos- realizan sobre el hueso, limitando con ello la capacidad de regeneración del hueso. Situación similar se produce con el café y el alcohol, ya que ambas sustancias favorecen la pérdida de calcio con la orina.

Aporte de minerales

Por último, es necesario mejorar la dieta consumiendo productos ricos en calcio y vitaminas D y K. Este es un aspecto fundamental a la hora de prevenir e incluso tratar la osteoporosis. La alimentación es nuestra principal fuente de calcio, magnesio, fosfatos, bicarbonatos así como vitaminas imprescindibles para el hueso, ya que la vitamina D (formada debajo de la piel con la colaboración de los rayos solares) facilita el normal funcionamiento del hueso y su diaria regeneración, mientras que la vitamina K está implicada en la llegada y depósito de los minerales en el hueso. En general el magnesio y la vitamina K se encuentran en cantidades notables en los vegetales de hoja verde, mientras que los precursores de vitamina D se ofrecen sobre todo en la leche y derivados lácteos.