Nada es para siempre. La mayoría de los objetos de uso cotidiano pasan al olvido porque dejan de funcionar o porque pasan de moda. Con el devenir del tiempo y el desarrollo de modas y tecnología, se ha perdido la relación sentimental con los objetos. El uso de las cosas hace su vida limitada.

Obsolescencia programada

La definición de envejecimiento es el desgaste que sufren los objetos. Aunque es difícil saber cuándo algo no sirve, pues el concepto de utilidad varía con el tiempo, las personas que utilicen el objeto y el uso que se le dé. Además, también influye el desgaste pasivo del tiempo. No sólo utilizar las cosas las desgasta. Los factores naturales (como la temperatura, la humedad, etc.) destruyen la materia, sobre todo la de origen químico.

El desgaste tiene que ver con los objetos que se consumen lentamente debido a la fricción producida por su uso. Es el caso de la ropa y el calzado. A diferencia de los aparatos mecánicos, es el usuario quién determina cuándo ha terminado su vida útil. Por ejemplo, las zapatillas de deporte tienen una vida media de 17 meses aunque dependiendo del uso y del trato pueden llegar hasta varios años de uso con una buena respuesta.

Otros factores de durabilidad

Los fallos o averías condicionan la vida útil de las máquinas o aparatos eléctricos. Respecto a los electrodomésticos hay una clara tendencia a comprar uno nuevo en vez de reparar el estropeado. La vida media de un televisor es de once años, mientras que la de un vídeo es de seis. Las lavadoras suelen durar diez años, con una media de tres lavados diarios. El frigorífico dura hasta los trece años, mientras que los electrodomésticos menores (batidoras, licuadoras, etc) hasta los nueve años. Otros muchos objetos dejan de ser útiles cuando se acaba la carga que los hace funcionar. Son normalmente objetos desechables.

Resultan bastante económicos, con lo que suele ser habitual perderlos, regalarlos u olvidarlos antes de que se gasten. La duración de las pilas depende de su marca y del consumo del aparato que hacen funcionar (bajo, medio o alto). Las bombillas tienen una vida media de cinco años. Deben dejar de utilizarse cuando alumbran por debajo del 70% de su capacidad. Los teléfonos móviles duran unos siete años.

La vida del ordenador

Un objeto que se caracteriza por su rápida obsolescencia es el ordenador. Su envejecimiento viene producido porque se queda anticuado al necesitar cada vez más potencia en los equipos.

Por ejemplo, los ordenadores creados a finales de los años ochenta ya no tendrían capacidad para usar Windows 98. Aunque un ordenador puede durar hasta un siglo, cada vez se renuevan con mayor frecuencia. Más de la mitad de las grandes empresas españolas cambian sus PC´s antes de los tres años. Por ejemplo, con un uso de ocho horas diarias, la vida media del disco duro es de tres años. El signo más claro de vejez se manifiesta en la dificultad para arrancar. Puede fallar si se utiliza mal, por ejemplo al apagar el ordenador. El monitor suele durar dos años. Avisa de su envejecimiento al tardar en encenderse.

La impresora suele durar ocho años y medio. Cuando son viejas, las de chorro pierden resolución y las de láser imprimen códigos diferentes a los deseados. Los disquetes suelen durar cinco años. Su mayor enemigo son los imanes. Por ello hay que evitar colocarlos cerca de los altavoces. Otros problemas son la contaminación, el polvo, la humedad o las temperaturas extremas. El teclado dura poco más de cuatro años.

Cuando termina su vida, las teclas no responden bien a las órdenes enviadas. El recorrido que un ratón recorre a lo largo de su vida funcional es de 100.000 kilómetros. La suciedad que se filtra por la parte de la bola hace que se estropee antes. Por último, el reproductor de CD-Rom es el que tiene una vida más larga, hasta los 34 años. Los signos de vejez son el ruido al recibir una orden y quedarse “colgado” al cargar el ordenador.