De un tiempo a esta parte la educación emocional ha tomado protagonismo en las aulas, ¿pero qué lugar ocupa en nuestra vida?, ¿qué importancia le damos a las emociones?.

A lo largo de un día experimentamos una variedad de emociones, aunque no todas de forma consciente. A pesar de no ser del todo conscientes, nuestras emociones oscurecen o dan luz a nuestra vida. Por ejemplo, un atasco por la mañana o mancharnos de café la blusa en el desayuno colaboran a que lleguemos tarde al trabajo o a llevar a los niños al colegio, esto puede que nos provoque un cóctel de emociones, rabia, culpa, tensión… Con esta mezcla de emociones, seguidamente nos enfrentamos a otras situaciones cotidianas, como por ejemplo, llevar a nuestros hijos al colegio, hacer frente a una reunión o acudir a nuestro lugar de trabajo.

Al sentir una emoción nuestro pensamiento se altera y genera a su vez percepciones congruentes con dicha emoción.

Desde que nacemos nuestra capacidad de sobrevivir depende de nuestras emociones. A través del llanto o de la sonrisa nos comunicamos dando muestra de rechazo, miedo, frustración o aceptación, alegría, tranquilidad.

Con frecuencia experimentar emociones positivas durante nuestra niñez ayudara a que desarrollemos una personalidad extrovertida, optimista, segura y con una elevada autoestima. El conocer las emociones, darle nombre, conocer las funciones y los beneficios de las emociones nos ayudaran a relacionarnos con los demás, a saber actuar ante una situación desagradable, a recuperarte más rápido de las emociones negativas, a expresar nuestros sentimientos sin herir a otras personas, y expresarlos libremente para agradar a las personas a las que queremos y nos quieren.

Por eso educar en emociones a nuestros hijos es tan importante, ya que les ayudara a tener un desarrollo emocional adecuado más óptimo.