Montar un pequeño negocio aprovechando la casa de los abuelos en el pueblo es algo que muchas personas (sobre todo mujeres) están haciendo con bastante éxito.

Debido al tirón que está experimentando este tipo de turismo, supone una excelente salida laboral, a la vez que revitaliza los pueblos más pequeños.

España sufre un grave envejecimiento poblacional y los pueblos se llevan la peor parte; visitar alguno de ellos en pleno invierno es bastante desolador. Apenas se ven niños por las calles, y no precisamente por el frío mientras los mayores se quejan de que falta savia nueva. Son los más mayores los que se resisten a cambiar de casa e instalarse en la ciudad. Por eso hay quien piensa que con ellos morirá el pueblo. Sin embargo el stress de la ciudad y el buen ojo empresarial ha hecho que muchas personas decidan convertir la casa del pueblo en un negocio.

Resucitar los pueblos

También bastantes administraciones autonómicas, alertadas por esta realidad, han visto una solución parcial al problema en la instalación de casas dedicadas al turismo rural. Tanto es así que algunos ayuntamientos, al margen de dar o no subvenciones para este tipo de iniciativas, ofrecen ayudas para remodelar las casas aquejadas por el paso del tiempo.

Es cierto que no todo el mundo sirve para regentar un negocio de hostelería, pero aquellos que se vean capaces y sean dueños de una pequeña casita en un pueblo perdido, tienen ante sí una oportunidad de oro. Sobre todo si el lugar en el que se encuentra el edificio tiene algún tipo de encanto. Además, es muy probable que cuenten con el beneplácito de los lugareños, por que se puede conseguri así que el pueblo recobre vida y actividad. De cualquier modo, para los que este negocio consista sea la primera incursión en el mundo de la hostelería, es imprescindible contar con un tutor con más de cinco años de experiencia en el sector.

Ayudas económicas para el turismo rural

El reto no es fácil, sobre todo porque las ayudas económicas que da la administración no suelen llegar cuando hacen falta, sino bastante más tarde. Aunque algunas subvenciones son a fondo perdido, cuando es necesario recurrir al banco el problema se complica.

Existen diversas clases de ayudas y subvenciones para el acondicionamiento de este tipo de viviendas. Por regla general, para obtenerlas hay que presentar bastante documentación: proyecto de obra, licencias, facturas, etc. Las subvenciones más frecuentes en estos casos son las llamadas Ayudas de Fondos Europeos. Las otorgan los organismos autonómicos, comarcales o locales y provienen de recursos de la Unión Europea; con ellas se pretende desarrollar las zonas rurales y, por lo general, facilitan a fondo perdido entre el 20% y el 40% del total de la inversión.

También las Comunidades Autónomas realizan aportaciones económicas, con una cuantía máxima de entre 12.000 y 30.000 euros. Para acceder a ellas es requisito imprescindible que exista un compromiso por parte del solicitante, que debe comprometerse a mantener la vivienda como casa rural durante un mínimo de cinco a diez años.

Condiciones

Existen una serie de requisitos para que una casa de turismo rural pueda funcionar bajo este calificativo. Debe ser un edificio tradicional de la zona, en algunas comunidades se exige una antigüedad de al menos diez años con una capacidad mínima de cuatro plazas. Es imprescindible el suministro de agua corriente, tanto fría como caliente, así como de corriente eléctrica y calefacción. La superficie mínima de los dormitorios debe ser de nueve metros cuadrados para los individuales y de doce para los dobles. Además deben contar con cuarto de baño con inodoro, ducha y lavabo, así como de toma de corriente. En cualquier caso, las condiciones varían de una comunidad autónoma a otra.

Mujeres emprendedoras

Actualmente, este tipo de negocios es una salida para muchas mujeres de mediana edad, con hijos ya mayores. Sin embaro, el mayor problema con el que se encuentran los interesados es la fuerte inversión necesaria, cercana a los 300.000 euros. Otra opción algo más sencilla es habilitar la casa como vivienda de alquiler compartido para veranos o fines de semana; en este caso el presupuesto desciende hasta unos 60.000 euros.