La literatura neoclásica marca un punto de inflexión en lo que había sido la literatura hasta aquel momento, algo elitista y dirigida en exclusiva a un público culto y muy entendido. Los principios de la ilustración empapan a la literatura neoclásica que comienza a ver la escritura como una herramienta para llegar a todo el pueblo y para ayudar a propagar la cultura. El escritor deja de ser visto como alguien que escribe como algo secundario a su verdadera profesión y comienza a ser visto como un profesional que puede vivir de lo que hace.

Dentro de esta idea de la literatura como una forma de educar a la gente, el ensayo cobró gran fuerza y también la fábula, ya que era una manera de poder realizar enseñanzas morales de una manera entretenida y relajada. Todas las fábulas tenían su moraleja, que normalmente resultaba evidente y fácil de entender para el público en general.

También se utilizó la literatura como una forma de ridiculizar las costumbres antiguas y la influencia de la iglesia en la vida cotidiana, apostando por una modernización de la sociedad y una apertura en las ideas.

Los autores más importantes de la literatura neoclásica

Alexandre Pope fue un poeta inglés muy reconocido que además de publicar ensayos publicó una gran obra poética y guías para ayudar en la métrica a otros autores. Se considera uno de los primeros escritores ingleses que fue capaz de vivir de la literatura de manera exclusiva. Realizó también importantes trabajos de traducción.

Moliere es uno de los escritores franceses más representativos del neoclasicismo. Destaca principalmente por sus obras de teatro aunque escribió todo tipo de obras que han sido traducidas a todas las lenguas. Fue además actor.

Daniel Defoe fue otro escritor inglés muy famoso por su obra “Robinson Crusoe”. Fue uno de los primeros escritores de novelas populares así como uno de los periodistas pioneros en escribir sobre economía.

En España también hemos tenido escritores neoclásicos destacables. Dos buenos ejemplos son los escritores Tomás de Iriarte y Félix María Samaniego, famosos por sus fábulas. En su época, ambos competían en este terreno por ser los mejores en fábulas morales.

Pero, sin duda, Leandro Fernández de Moratín es el escritor más representativo del neoclasicismo en España. Su utilización del teatro como deleite e instrucción social, según sus propias palabras, dieron lugar a obras tan conocidas como “El sí de las niñas”.