Sin duda la cultura griega  sigue influyendo en muchos aspectos de nuestra vida y los relatos mitológicos nos siguen pareciendo  fascinantes.  Tomemos  la imagen de  Afrodita o Venus,  la diosa del amor, quien sigue gozando de gran popularidad.

El mito de  Venus es una de las temáticas más tratadas por los artistas de diversas épocas, a pesar de las prohibiciones religiosas y morales que siempre pesaron sobre este asunto, siendo una de las imágenes mas veneradas en  la Antigüedad.

Durante mucho tiempo la diosa Venus estuvo presente en templos y santuarios de grandes ciudades y estas imágenes fueron esencialmente exitosas dentro del arte Occidental  convirtiéndose en el tipo iconográfico más popular de la Historia del Arte.

Las Venus son bellas mujeres que seducen con un atractivo rostro virginal y representan conceptos de belleza,  amor y fertilidad.  No fue hasta el siglo IV a.C cuando los artistas griegos se decidieron a representar el ideal de virtud femenina a través del desnudo.

El mito del nacimiento de Afrodita o Venus es uno de los temas más abordados en la pintura del Renacimiento  y el culto a la diosa estuvo muy extendido por todo el Mediterráneo.

La referencia al nacimiento de la diosa aparece reiteradamente en muchos campos artísticos, obras pictóricas, esculturas, así como obras literarias.

Mito de Venus y su representación en el Renacimiento

Un ejemplo al que nos podemos referir es la obra del pintor italiano Sandro Boticelli “El Nacimiento de Venus” (1485, Galeria de los Uffizi),  una de sus obras maestras más sublimes y que fue pintado para decorar uno de los palacios de ocio de la  la familia Médici.

En un dibujo exquisito y de estilo refinado el pintor representa   la llegada de la diosa  a la isla de Cítera , tras su nacimiento,  empujada  por el viento.

En la obra del artista Venus aparece en el centro de la composición sobre una enorme concha; sus largos  cabellos rubios cubren sus partes íntimas mientras que con su brazo derecho trata de taparse el pecho, repitiendo una postura típica en las estatuas romanas de las Venus Púdicas. Desde la Antigüedad el mar es un elemento cargado de simbología ya que se consideraba como el origen de la vida y el amor.

Según el mito más antiguo que ha llegado hasta nosotros, recogido por el poeta Hesíodo, Cronos tras arrancar  los genitales a su padre Urano arrojó los despojos al mar, en las costas de Pafos, en la isla de Chipre. De la mezcla del semen y la sangre de Urano con la espuma del océano, nació la diosa del amor, ya adulta.

Las figuras del cuadro son delgadas, ligeramente alargadas, muy idealizadas, y de elevada estatura, con unas  líneas que marcan los perfiles, cuyos cuerpos a veces  parecen artificiosamente estirados y presagian el estilo elegante y cortés del manierismo del siglo XVI.

Esta obra es una composición enriquecida con una amplia gama cromática y representa claramente las características del Renacimiento que se originó en Italia.

Otro buen ejemplo que encontramos también en la  Galeria Uffizi es la Venus de Urbino, del pintor italiano Tiziano.  En este caso el artista  pinta una figura de joven mujer recostada, mostrándola en un interior, situada sobre un diván tapizado en rojo cubierto con una sábana blanca. En primer plano, la diosa dirige su mirada al espectador con cierta provocación llenando la composición y destacando  su delicada y sensual figura.

En su mano derecha porta unas flores mientras que con la izquierda cubre su pubis. Sus rubios cabellos caen sobre sus hombros creando una figura de evidente clave erótica. Se trataría de una representación real de alguna mujer concreta, de carne y hueso  que muestran el ideal de belleza.

Sin duda,  Venus es una de las deidades más antiguas y más adorada por los pueblos de la Antigüedad, convirtiéndose en un símbolo  sensual para muchos artistas de todas las épocas, desde el Renacimiento hasta nuestros días.

Autora: Natalia Ferrera.