¿Y cómo la vamos a hacer? Es la primera pregunta que se plantea una pareja cuando recibe la buena noticia. Organizarse en la sociedad laboral del siglo XXI, y más en la española, es una tarea de titanes. Por eso, en España, una de cada cuatro parejas tiene problema para conciliar su vida laboral y familiar.

La sociedad española mira hacia atrás en materia de conciliación, los horarios descompensados y maratonianos en comparación con el ritmo europeo, la falta de ayudas y la escasez de un conciencia empresarial que fomente la jornada partida hacen que en nuestro país, el 23% de los españoles tenga problemas para compaginar ambas facetas.

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Así se desprende de un informe elaborado por la Universidad Internacional de Valencia en el que también se recoge que el nivel medio de satisfacción de los trabajadores en relación a la conciliación entre la vida laboral  familiar es casi del 68%, superior en el caso de los hombres (70%) frente a las mujeres (67%), lo que nos hace plantearnos si hacer compatibles ambos universos es una prioridad para los españoles. ¿Hemos dejado de ser familiares?

A pesar de que en España perdemos posiciones en este campo, se trata de una situación bastante compartida ya que, aunque cada vez más las empresas promueven la flexibilización laboral y fomentan el empleo a tiempo parcial, en Europa, el 35% de las organizaciones no ofrece horarios flexibles y el 30% no cuenta con trabajadores a tiempo parcial según la XI Encuesta sobre Calidad de Vida en el Trabajo.

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      Es más, el 36,5% de los hombres declara que es su pareja la que se encarga del cuidado de los niños menores de 3 años frente al 10% de las mujeres que declaran lo contrario. De esta manera, los hombres están más satisfechos que las mujeres en relación al tiempo que su cónyuge dedica a las tareas del hogar, con una diferencia sustancial ya que las mujeres valoran con un 6 su nivel de satisfacción frente al 8,1 de los hombres.

   La conciliación de la vida familiar y laboral es uno de los principales riesgos psicosociales que pueden influir en la salud del trabajador en función de la percepción que tenga el mismo individuo de si constituyen una amenaza o un riesgo físico o psicológico.

 

Autor: Revista Feminity.