Los ojos constituyen la parte más sensual y seductora del rostro. A través de ellos se manifiestan las emociones y estados de ánimo. El maquillaje, que en algunos casos sirve para corregir imperfecciones, ayuda a conseguir una mirada aterciopelada, chispeante y muy atractiva.

Antes de comenzar el maquillaje de los ojos, el párpado debe estar bien hidratado. Aplicar una ligera base de fond de teint hará que la sombra resista más tiempo. No hay que hacer nunca trazos demasiados precisos, ya que endurecerán la mirada. Es mejor optar por sombras difuminadas que darán sensación de luminosidad.

Los especialistas recomiendan utilizar colores diferentes al de los ojos, ya que si no, estos quedarán apagados. Las sombras que mejor se manejan son las cremosas, que se pueden aplicar, incluso, con la yema de un dedo. Las texturas empolvadas o cremosas puestas con pincel quedan mejor fijadas. Si antes se humedece el pincel o el aplicador de espuma, el resultado es todavía más duradero.

Sombra aquí, sombra allá

Las sombras claras resaltan los ojos y dan frescura. En el párpado superior, iluminan la mirada. Para alargar el ojo, se usa una sombra pálida en el ángulo interior del párpado móvil. Las sombras oscuras hunden y reducen visualmente el tamaño de los ojos. Deben evitarse muy cerca del lacrimal, pero aplicadas desde el centro del párpado superior hasta el ángulo externo favorecen casi siempre.

Si se quiere agrandar o reducir el tamaño de los ojos, dando un aire misterioso o felino a la mirada, se pueden utilizar lápices y eye-liners. Estos últimos son más resistentes, tienen mayor fijación y duración. Los lápices, sin embargo, se controlan mejor y sirven para bordear las pestañas. Después, puede difuminarse el trazo con un pequeño pincel para que resulte más suave.

La famosa raya

Las hay con doble mina en distintos colores; con mina y aplicador de esponja; y de doble uso para ojos y mejillas. Si tiembla el pulso o surgen dificultades para trazar una raya con eye-liner, hay que sentarse y apoyar el codo en una mesa. Un buen truco es empezar trazando una raya suave casi imperceptible desde el lagrimal; a mitad del recorrido, aumentar su grosor, y, al final del ojo, dibujar ligeramente hacia arriba.

El maquillaje de pestañas tiene gran importancia ya que da vivacidad y agranda el ojo. Existen gran cantidad de máscaras y variedad de colorido: negro, marrón, violeta, azul, verde, dorado, plateado,… Algunos de estos productos llevan un aplicador incorporado y otros precisan un pequeño cepillo de cerdas duras.

Cepillar las pestañas

Antes de aplicar la máscara, es conveniente empolvar las pestañas con los polvos utilizados anteriormente para darles más grosor. Después de esto, hay que cepillarlas insistiendo más en su mitad externa. Se impregna el aplicador con el producto escogido y se maquillan las superiores. Primero las puntas y después la base. Dejar secar unos minutos para no manchar el párpado superior.

A continuación, aplicar el producto en las inferiores dejando las puntas para el final. Una vez maquilladas todas las pestañas, y para que no queden pegadas, hay que cepillarlas de nuevo. Dependiendo del espesor que se quiera dar, se aplicarán más o menos capas de producto. Pero eso sí, al acabar, siempre hay que cepillarlas para que queden más naturales y sueltas.

Colorido en las puntas

Las máscaras transparentes son el colmo de la naturalidad: invisibles y efectivas, elevan y marcan con nitidez las pestañas. El color marrón otorga un aire natural. El negro da más profundidad a la mirada. Con los nuevos tonos –verdes, lilas, dorados,… se conseguirán efectos más divertidos o modernos si se aplica la chispa de color en las puntas. Y si lo que de busca es una imagen más sofisticada, se puede optar por las máscaras plateadas o brillantes.

Cuando las pestañas son demasiado rectas conviene utilizar antes del maquillaje un rizador para procurar una ondulación suave y natural.