La vasectomía es un método anticonceptivo que en los últimos años demandan y practican muchos hombres en aras de su sencillez y eficacia. Su reversibilidad no suele ser tan efectiva, aunque se muestra como un método bastante seguro. La mujer ha soportado durante años todo el peso de la anticoncepción. Pero de un tiempo a esta parte la población masculina ha venido a liberarla de tan pesada carga a través de la vasectomía o ligadura de los conductos deferentes. Junto con el preservativo, este método anticonceptivo de origen asiático es el único fiable al alcance de los varones. Se cree que más de sesenta millones de hombres han recurrido a él, sobre todo en EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Gran Bretaña, India, China y Corea del Sur.

En los países latinos encontró ciertas barreras culturales ligadas a un peculiar concepto de virilidad, que por fortuna se está derrumbando a ojos vista. Los conductos deferentes, vas deferens en latín, transportan los espermatozoides desde el epidídimo hasta el conducto uretral, que tiene la doble misión de expulsar al exterior la orina y el semen. El epidídimo, alojado en la parte superior de los testículos, constituye la primera porción de la vía seminal. Se trata de un estrecho canal con un diámetro de tres décimas de milímetro y cinco metros de longitud que se encuentra sumamente enredado hasta ocupar tan sólo de tres a cinco centímetros en la bolsa escrotal. El conducto deferente le toma el relevo y con treinta centímetros de largo da un giro en forma de horquilla hasta llegar a la uretra. En su trayecto se puede palpar fácilmente por encima de los testículos, con lo que se presta de mil amores al abordaje quirúrgico convirtiéndose en el blanco predilecto de los cirujanos a la hora de interrumpir el flujo espermático. La supresión (ectomía) de una pequeña porción de este conducto impide que los espermatozoides se incorporen al esperma y por tanto que su relación sexual no sea fecundante en adelante. La intervención, que se realiza bajo anestesia local, implica dos incisiones de uno a dos centímetros sobre la piel del escroto.

A continuación se procede a obturar los conductos deferentes según varias técnicas: ligadura con hilos, ablación del segmento o cauterización térmica. Con cualquiera de los tres métodos, esta sencilla operación apenas dura diez minutos y el paciente sólo notará tras la misma un pequeño cardenal y un leve dolor, lo que le permitirá incorporarse de inmediato a sus labores cotidianas. Las complicaciones brillan por su ausencia y en menos del 3% de los casos da lugar a infecciones o hemorragias.

vasectomia

Las últimas investigaciones

Tras la vasectomía, la eyaculación y el volumen espermático es absolutamente normal. Pero a partir de ese momento el semen no contendrá espermatozoides sino una solución compuesta de secreciones de la próstata y las vesículas seminales. La calidad del orgasmo tampoco queda alterada. Sus escasos fallos tardíos, estimados en menos de un 2%, se deben a que los espermatozoides, que los testículos no dejan de fabricar, se encuentran sometidos a presión en los conductos diferentes y en ocasiones hacen saltar la ligadura. De esta forma se abren paso a través del tejido hasta alcanzar el extremo del conducto y salir al exterior. Las últimas investigaciones se centran en una simplificación de la intervención, así como en la búsqueda de técnicas más reversibles. En esta línea se propuso hace unos años la colocación de una especie de minúsculas espitas en los conductos deferentes que podrían abrirse y cerrarse desde el exterior a voluntad, pero todavía no hay resultados definitivos. También se están diseñando diminutos dispositivos oclusores de fácil inserción, cuyo perfeccionamiento podría convertirlos en el anticonceptivo masculino ideal del futuro.

Autor: Laura. Soy una blogger amante de la moda, me gusta cuidarme y llevar una vida sana. Comparto mis gustos y aficiones así como temas interesantes.