¿Quieres activar tus neuronas, poner en movimiento 34 músculos y quemar, además, 18 calorías? Pues da un beso. ¿Se te ocurre una manera más dulce de ponerte a dieta?

Nadie conoce muy bien el origen del beso, aunque referencias a él no nos faltan. Por ejemplo, en la Edad Media, el caballero que besaba a una dama estaba obligado a casarse con ella; muy diferente era el beso que formaba parte del proceso de iniciación de las brujas durante el Aquelarre: las aspirantes debían besar el trasero de un macho cabrío.

Por no hablar del famoso beso de Judas, la prueba de la traición que más ha dado que hablar. Sí, los tiempos cambian. No obstante, hoy por hoy, cada cultura se reserva un método. Los chinos nunca se besan en público y los birmanos, más que besarse, se olfatean. Aunque en Europa nos llevamos la palma. Somos, descaradamente, los más besucones: holandeses y franceses se besan ¡tres veces en las mejillas!; los españoles nos conformamos con dos, al igual que los italianos (aunque ellos siempre dan el primero en la mejilla izquierda)… mientras que los británicos si se dan uno es porque ya hay confianza… a diferencia de los rusos, que se pegan un señor ósculo en los labios. La intensidad, intención o forma te pueden dar muchas pistas de lo que hay detrás. Aquí repasamos los más clásicos, ¡y los que no lo son tanto!

El caracol o ‘alí babá’

Muy húmedo, desenfrenado y ardiente. Un buen entremés previo al coito.

El provocador o funambulista

Cosa de dos, mientras uno besa el labio superior, el otro le toca con los dedos el labio inferior. Para poner toda la carne en el asador.

El tierno

Quien da besos en la frente. Denota un carácter muy protector.

El vampírico o de chupeteo

Saciante y excitante, el beso que se da chupando intensamente en el cuello de la víctima.

El vigía o segurata

El que mientras besa no cierra los ojos y observa qué pasa alrededor o ¡quién pasa! Una intranquilidad poco sana.

El yoyó

El que después de besarte, te deja una cosita en el estómago que te sube y te baja. ¡Ay! Nos hemos pillado.

El boxeador

El profesional, el que es capaz de tumbarte en el primer round.

El beso buzo

Cuando la lengua hace una inmersión hasta el fondo de la garganta. Atención: ¡peligro de asfixia!

El banquero

El que besa sólo por interés. No conviene.

El carnicero

El que besa el solomillo de la mano. Morboso.

El cenicero

El beso que sabe tanto a nicotina, que al día siguiente hasta nos da tos.

El daltónico

La que besa a un viejo verde, pensando que es un príncipe azul.

El eco-lógico

El que se da con tanto ímpetu que provoca una lógica eclosión, resonando allí donde se manifieste. Para los que quieren dar el cante.

El metafísico

El que llega en forma de sms, abstracto, y es capaz de despertar muchas cosas: ternura, pasión, amistad o enamorarte hasta los mismísimos huesos. Se le puede llamar también beso platónico.

El sello o territorial

Cuando para dejar claro que unos labios ardientes han pasado por ahí, se deja una buena huella de carmín rojo, ya sea por la extensión de la cara o en el cuello de la camisa.

El depredador

Cuando es tal el apetito sexual que ambos se mordisquean de manera apasionada los labios. Lujurioso.

El cinematográfico

El que besa a la chica como si fuera el protagonista de una peli de los años sesenta. Cogiéndola en un arrebato y llevándosela a sus brazos para sellar sus labios. Romántico.

El de ajo y agua

El beso que sabe a ajo y, poniendo cara de póquer, a uno no le queda más remedio que “agua-ntarse”. Matador.

El E.T.

El que da besos de otro mundo, te lleva a la luna y te abduce.

El ladrón

El que cuando menos te lo esperas te roba un beso y te deja a cuadros. Espontáneo para bien… o para mal.

El parlanchín

El de los enamorados, que ansiosos por compartir cosas, se besan entre palabras.

El esquimal

El beso que empieza con el roce de las narices y termina… ¡de narices!

El explorador o Dr. Livingston

Cuando en busca de cualquier rincón por colonizar, las lenguas recorren todos los espacios de bocas ajenas.

El francotirador

El que tira besos a diestro y siniestro. Abarca mucho y aprieta poco. No caigas en su redes.

El gladiador

El que pone la vida en ello, besándose con una fiera. Empieza con una lucha de lenguas y acaba con los dos combatientes medio muertos. Insinuante y sexual.

El morrocotudo

Cuando se besa haciendo morritos. De enamoramiento.

El musical

Pasando la lengua por los labios, el que besa “re-la-mi-do”. En la cabeza puedes escuchar: “Nada sabe tan dulce como tu boca…”

El narigudo o de choque

Cuando uno de los dos, o los dos, tienen la nariz grande y se producen golpes de un par de narices. Suele ser divertido y estimulante.

El óptico

Con mucha vista, movimientos resueltos para salvar unas gafas de por medio. Creativo.

El ortodóncico

El que se da con correctores en la boca. Puede ser frío como el hielo o apasionado como un hierro ardiente.

El piquito de oro

Un beso rápido y fugaz solo entre buenos amigos. A veces, sorprendente.

El político

El que te dice jurándote y rejurándote que de un beso no pasa… y después, ¡siempre pasa!

El primer beso

El que tanto se desea y nunca se olvida. Aunque no suele ser el mejor siempre se recuerda.

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