Antes que nada, habría que dejar una cosa clara: si bien es cierto que la situación actual es complicada, en términos de desempleo y estancamiento de la economía, no pretendemos ni menospreciar ni sumergirnos en estos temas tan complejos y sobre los cuales poco tenemos que ver.

Lejos de buscar la controversia, les proporcionaremos algunos lineamientos básicos para que comprendan mejor cómo es que se lleva una entrevista, realizada por un reclutador. La mayoría de ellos tienen fuertes estudios en psicología y por tanto comprenden bastante bien lo que pasa por nuestras mentes. Así, es apenas lo justo que también los que solicitamos empleo sepamos un poco qué pasa por sus mentes para equilibrar la situación.

Una breve aclaración sobre la psicología

Existe un fuerte prejuicio en muchas culturas y círculos sociales cuando se habla de psicología. Esto se debe principalmente tanto a los orígenes de la psicología como ciencia y a los casos más, sin ánimos de ofender, llamativos.

Estos casos son los que comprenden ciertas patologías, muchas de las cuales han sido ampliamente exploradas y explotadas por Hollywood (pensemos en una mente brillante o “A beautiful mind” en inglés, sobre un genio matemático con esquizofrenia).

Desde entonces, se asocia a la psicología con el tratamiento de patologías, algo que dista mucho de la realidad. De hecho estudia con mayor frecuencia las mentes sanas, o tan sanas como pueden llegar a ser, y cómo se comportan, interactúan, etc. Así, la psicología es más bien el estudio del comportamiento en sociedad y no las patologías (que también se estudian, pero en ramas específicas de la psicología).

Es por ello que esta aclaración es pertinente, ya que entonces nos podemos enfocar de lleno en qué perciben los reclutadores sobre los empleados. Una de las finalidades de muchas ciencias (por no decir todas) es el de poder predecir, y ellos entonces intentan predecir cómo nos desenvolveremos en el ámbito laboral.

Para ello, aprenden a reconocer ciertos aspectos clave que a continuación compartiremos y lo que es más, vosotros también podréis comprobar algunos de estos indicadores, ya que no solamente sirven en el ámbito laboral, sino en cualquier círculo social.

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Lo más importante es la actitud

Se dice que cada quién describe la feria según como se la haya pasado. Esto quiere decir que para algunas personas conseguir trabajo es muy sencillo, mientras que otras lo consideran casi imposible. La mayoría de nosotros estamos en medio, pensando que es complicado pero posible. ¿Qué saben los demás que nosotros no? El secreto se encuentra en la actitud. Para ejemplificarlo, ilustremos tres escenarios (muy comunes) con los que se puedan sentir identificados.

El candidato número 1

Llega un individuo a solicitar empleo. La entrevista es extremadamente fluida, parece que se conocen de toda la vida. Ríen, bromean, intercambian datos y al poco tiempo obtuvo el empleo. Nosotros pensamos que es su personalidad, le es sencillo el trato con las personas y puede que tenga (o no) más experiencia que nosotros, eso no importa, ya que es su carácter el que le gana el empleo.

El candidato número 2

Da su mayor esfuerzo, pasa horas arreglándose, elije la mejor ropa que tiene para solicitar el empleo lo que ya de por sí es mucho trabajo porque ni siquiera le gusta el empleo que solicita, solamente que necesita el dinero. Para él (o ella), conseguir trabajo es algo muy tedioso, decepcionante y frustrante incluso. La entrevista no va bien, el reclutador está muy serio, le asedia con preguntas y termina por ponerle nervioso.

Este candidato quizás incluso ha pensado en pedir un sueldo más bajo, impulsado por su necesidad. Puede también que haya sido despedido recientemente, quizás por recorte de personal ya que tenderá a quedarse en el mismo empleo tanto como pueda hasta que no sea requerido. Mientras que puede ser que lo tome con buen humor, también es muy factible que no pida aumentos por miedo a que le rechacen, despidan o que enfade a alguien. Así, se queda callado de muchas situaciones y se comienza a alejar de los jefes, directivos y otros compañeros.

El candidato número 3

Él es un rebelde. No está conforme con nada. Asiste a las entrevistas casi por obligación y busca empleo deseando no encontrarlo. El sistema no es justo, ni bueno, no se le valora y cuestiona a toda figura de autoridad. Se queja constantemente y, dado que no está conforme con la empresa a la que va a pedir trabajo de antemano, no cuida su apariencia. Al final, es por discriminación (o así lo percibe) que no le contratan, ya que él está seguro de lo que sabe.

Ha avanzado y se ha ido abriendo paso con mucho trabajo, pero lo ha logrado medianamente. En las entrevistas suele no irle muy bien, pero su currículum compensa muchas de estas cuestiones.

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¿Qué tiene el candidato 1 que el 2 y el 3 no?

La respuesta es muy sencilla: una buena actitud. Quizás podáis pensar que si a vosotros también les fuese como al candidato 1 en sus entrevistas, tendríais también una buena actitud. Sin embargo, es la buena actitud la que le genera las oportunidades en las entrevistas y no al revés.

¿Qué encuentra el reclutador en el candidato 1?

Este tipo de personas cumplen con lo siguiente (generalmente):

1)      Solicitan una entrevista aun cuando no se haya publicado nada sobre una plaza. Ir a una empresa y decir que queremos colaborar con ellos porque estamos de acuerdo con su ideología y nos gusta lo que hacen y cómo lo hacen, aun sabiendo que nos pueden rechazar por “no haber plazas” envía un mensaje muy poderoso: actitud positiva, optimista, confianza y seguridad. El primer grave error de las entrevistas que se comete con los reclutadores es desanimarnos y retirarnos al primer “en este momento no estamos contratando”. Si esa no fue nuestra pregunta, no debemos aceptarla como respuesta, es decir, no es lo mismo llegar y decir: “me gustaría colaborar con ustedes porque (…), les dejo mi currículum” y al decirnos que no están contratando responder: “no vine por eso, solamente quería dejarles mis datos para que si se abre una plaza y cumplo con el perfil me puedan considerar”.

2)      El error anterior de rendirse cuando se nos dice que no nos contratarán también se encuentra fuertemente vinculado con nuestra actitud. Si salimos a buscar empleo, estamos resignados a encontrar lo que sea y lo que es peor, de antemano dejamos que otro decida si estamos preparados o no para desempeñarnos en cierto puesto. Esta decisión debería ser nuestra, no de ellos y por ello no nos debería desmotivar el que no nos contraten inmediatamente. Este paso se puede hacer incluso si ya contamos con trabajo.

3)      Otro inconveniente que se presenta muy frecuentemente es, si nos quedamos sin empleo y ocupábamos por ejemplo un puesto de dirección, solicitar un puesto en puestos inferiores en el organigrama. Esto envía el mensaje de: “no tengo idea cómo llegué a ese puesto en primer lugar”, algo que envía la señal contraria a la que busca el reclutador. Si se ocupó un puesto de dirección, no se puede aplicar para un puesto inferior. Peor aún, si por recorte de personal, presupuesto o cualquier motivo se nos ofrece un puesto distinto pero inferior en el organigrama dentro de la misma empresa es momento de buscar un nuevo empleo.

Autor: Mara.