La patata es un alimento muy estimado, pero siempre hay una clase de patata para cada plato que se sirva en casa. Por ejemplo, no hay nada peor que hacer una ensaladilla con patatas harinosas o un puré con patatas duras.

Por supuesto, mucho depende también de la cocción, porque hasta la patata más firme se hará puré al sobrecocinarla. Sobre las clases de patatas hay que consultar con su verdulero, pues hay patatas idóneas para ensaladas, fritas, hervidas, asadas…

Aunque las vitaminas y minerales de las patatas se disuelvan en el agua, hay un límite sobre la cantidad que puede absorver esa agua. Así que hay que hervirlas con la mínima cantidad de agua posible. Puede también hacerlas al vapor, al horno convencional o en el microondas.

La parte más nutritiva de la patata está justo debajo de la piel, la que proporciona una fibra muy buena. Para ahorrar trabajo y comer más sano, la patata se debe cepillar y dejarla sin pelar. Incluso se pueden servir las patatas fritas con la piel, como las típicas papas arrugás de Canarias.

Las patatas nuevas se cocinan mejor cuando se introducen en agua hirviendo y las patatas normales se cuecen más parejas, si se empieza con el agua fría. Esto, desgraciadamente, estropea más las vitaminas que al ponerlas en agua hirviendo. Se deberá elegir entre la textura y el valor nutritivo.

Siempre hay que almacenar las patatas en un lugar oscuro y fresco.

Cuando las patatas se ponen verdes, esa área cobra un sabor desagradable porque contiene una toxina que se llama solarina. Para comerla, se deben quitar todos los trozos verdes.

Autor: Laura. Soy una blogger amante de la moda, me gusta cuidarme y llevar una vida sana. Comparto mis gustos y aficiones así como temas interesantes.