En el cuarto peldaño, ya acariciando lo que podemos definir como un buen empleo, se encuentra el peldaño que nos habla, según Maslow, de las necesidades de estima y afecto.

Este peldaño es sencillo de interpretar, pero también de confundir. No se trata sobre sentirse seguros, ni de autoestima, sino de simplemente sentirse “estimado”, requerido, valorado. Un trabajo en el que nuestro jefe siempre esté diciendo que todos sus empleados son nefastos simplemente no funciona. Todos y cada uno de los miembros del equipo deben funcionar como engranes, perfectamente sincronizados y con todas las herramientas para desempeñarse en su puesto.

Si uno falla, falla toda la maquinaria de alguna u otra forma. Para ello, es necesario sentirnos identificados con la empresa, valorados y tenidos en cuenta. Así mismo, un jefe que piense que ninguno de sus empleados le quiere y/o respeta, nunca se sentirá cómodo cerca de ellos. La estima mutua es una parte fundamental de todo buen corporativo, equipo, empresa o lugar de trabajo.

Ahora sí, el quinto peldaño, lo que separa a un buen empleo de un empleo común o directamente un trabajo nefasto es la capacidad para desarrollarse. Puede que sea muy cómodo realizar la misma labor de forma automática una y otra vez, pero con el tiempo la rutina nos consume.

Necesitamos saber que existe la posibilidad de ir más allá, de adquirir nuevos derechos y obligaciones, más privilegios, aprender cosas nuevas y que se refleje en nuestro salario o puesto dentro de la empresa. Un buen empleo es aquel, entonces, en el que la paga es buena, nos desempeñamos bien, somos tenidos en cuenta y además nos gusta. Dice un viejo refrán que si encuentras un empleo que te guste hacer, no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.

Autor: Mara.