Qué es la osteopatía visceral

La osteopatia visceral se centra en las consecuencias derivadas del cambio en la movilidad de los órganos y las vísceras, lo que conlleva una modificación en el caudal de la circulación sanguínea y linfática y la disminución de la calidad de los tejidos. En consecuencia, se producen irritaciones o inflamaciones, lo que supone la aparición de un trastorno disfuncional y, si no se corrige, una patología.
La osteopatía visceral parte de la premisa de que los órganos del cuerpo se interrelacionan y se conectan con estructuras cercanas. Su finalidad primordial es que el órgano tenga buena salud y para ello debe tener una excelente movilidad.
Por tanto, para que el organismo esté en condiciones normales, es necesario que los sistemas craneal, visceral y osteomuscular estén en armonía. El objetivo de la osteopatia visceral es precisamente la eliminación de esos obstáculos que impiden el correcto funcionamiento de los órganos.

Causas de la osteopatía visceral

Las vísceras están conectadas con una región de la médula, que, a su vez, tienen conexión con un grupo de músculos, con la parte ósea, con la zona de la piel y con los vasos sanguíneos. Además, están relacionadas con las emociones personales, por lo que si hay una alteración en estas puede afectar a los órganos.

La disfunción visceral puede producirse como consecuencia del proceso de vejez, de infecciones, por depresiones nerviosas, por el crecimiento anómalo de algún órgano, por intervenciones quirúrgicas, lesiones vertabrales o contracciones inadecuadas de los tejidos que los rodean, que provocan fallos en la irrigación y en la información nerviosa.

Osteopatía visceral síntomas

El mal funcionamiento de un órgano repercute de manera inmediata sobre diferentes zonas del cuerpo. Cada órgano y cada víscera dañados producen dolores y molestias en una parte concreta del organismo. Los síntomas pueden manifestarse a nivel osteo-articular o visceral, depende de la acomodación que realice el organismo ante la disfunción que le está afectado.

La gran damnificada es la espalda, en la que se pueden producir rigidez articular y muscular, contracturas, tendinitis, pinzamientos musculares, tortícolis, lumbalgia, ciáticas e, incluso, hernias de disco. La contractura, la inflamación o la falta de movilidad son algunos de los indicadores de la existencia de un trastorno visceral.

Tratamientos

Casi todas las alteraciones viscerales se resuelven reestableciendo el equilibrio entre el órgano y la víscera. El primer paso en su solución es la toma de conciencia del componente emocional, que puede ser determinante en la dolencia. Esto es porque cada órgano o víscera está relacionado con una emoción concreta. Averiguar el estado emocional del paciente o conocer la existencia de una situación estresante es suficiente para comenzar el tratamiento de la dolencia. Aunque el estado emocional no desaparezca, por lo general se puede poner fin a su somatización. En algunas ocasiones, es necesaria la derivación del paciente a terapia psicológica. Sin embargo, será el profesional el que establezca la vinculación final del dolor con una alteración visceral concreta y con un estado emocional.

El mantenimiento de hábitos nutricionales correctos y la eliminación de aquellos alimentos que perjudican al órgano en concreto son esenciales para poner fin a cualquier disfunción visceral.

Las plantas medicinales son, también, coadyuvantes del proceso de curación de las disfunciones viscerales. Cada una tiene propiedades beneficiosas y un ámbito de actuación, que deben consultarse con el osteópata.

La terapia manual aplicada por el terapeuta u osteópata es fundamental. Estos aplicarán las técnicas y maniobras adecuadas a cada tipo de disfunción.
La realización de ejercicio físico moderado es de vital importancia, por cuanto ayuda a equilibrar y a regular el funcionamiento del cuerpo. Igualmente, lo es el descanso saludable.