Cada vez es más habitual ver a niños de corta edad manipulando un teléfono móvil. Hasta hace unos años, el primer smartphone se regalaba en la adolescencia, pero poco a poco la edad se ha ido atrasando. Según los últimos estudios del Instituto Nacional de Estadística, el 25% de los niños menores de 10 años tiene ya un móvil propio. A los 13 años, la cifra alcanza el 80% y a los 15 prácticamente todos llevan un móvil en el bolsillo.

Entre los más pequeños, los datos también son elocuentes e invitan a la reflexión. En Estados Unidos, cerca del 40% de los niños menores de dos años utiliza habitualmente dispositivos móviles, y lo hace con un nivel de destreza sorprendente. Es como si los niños nacieran con un móvil en la mano y ya no pudiesen desprenderse de él.

El debate de la edad

“¿Mama, me compras un móvil?… en mi clase, todos lo tienen”. Esta frase fatídica se repite día a día en miles de familias. Muchos padres acaban sucumbiendo y acuden a alguna tienda donde se pueda comprar o vender un móvil usado. Otros, sin embargo, se debaten en la duda e intentan averiguar qué postura es la mejor.

El uso y abuso del móvil entre los más jóvenes es un tema que preocupa a padres y educadores. La adición a las redes sociales y la móvil-dependencia manifiesta de buena parte de adolescentes han encendido las alarmas.  ¿Dónde están los límites?, ¿qué edad es la más apropiada para autorizar el uso del móvil?

Los expertos no parecen tener una respuesta consensuada. Aunque la mayoría sitúan la edad más apropiada en torno a los 12 años, otros defienden que depende de cada niño. Si un menor de 9 ó 10 años tiene un buen comportamiento, se relaciona adecuadamente con su entorno y no da signos de dependencia del móvil, no habría inconveniente en permitirle usarlo. El problema no es el dispositivo es sí, afirman los psicólogos, sino el uso que se le dé y la actitud del niño frente a él.

No importan las características del móvil. Tanto si es nuevo como de segunda mano, lo que importan son las horas de uso y el tipo de actividad que se desarrolle con él. La obsesión por las redes sociales está afectando a los más jóvenes y puede ocasionar conflictos tanto para el niño como para las familias. Para evitar posibles complicaciones, una buena opción es entregar al niño un móvil sin internet.

Otro factor que juega un papel determinante es la necesidad de localización. Numerosos niños realizan actividades extraescolares que les mantienen fuera de casa durante varias horas. En estos casos, la tenencia de un móvil en menores de 12 años parece justificada y sería incluso recomendable.

¿Por qué a los 12 años?

A los 12, los niños entran en la adolescencia y dan un salto en el campo educativo. Muchos cambian de escuela al pasar de la primaria a la secundaria, lo que implica un cambio de hábitos y la asunción de nuevas responsabilidades. También es una etapa muy activa en el terreno social: nuevos compañeros de clase, salidas en grupo, etc.

Todos estos factores abren el camino a la introducción del móvil, pero siempre de manera pactada. En primera y última instancia, serán los padres los que tendrán que decidir. Pero hay que tener en cuenta otro hecho remarcable: el móvil es un instrumento de relación; a partir de los 13, casi todos los jóvenes tienen móvil y el que no lo posee puede quedarse aislado socialmente. En nuestros días, la pertenencia al “grupo” exige una conectividad permanente. Luchar contra ello sería ir contracorriente y puede resultar tremendamente complicado.

¿Qué móvil elegir?

Los niños, y sobre todo los adolescentes, están a la última en las nuevas tecnologías. Conocen perfectamente todas las novedades en telefonía y, por descontado, exigirán el modelo más avanzado. Pero eso no significa que tengamos que hacerles caso. Para empezar, una buena recomendación sería adquirir un móvil de segunda mano que presente unas buenas prestaciones.

En la actualidad, el mercado de segunda mano ofrece dispositivos de alta calidad y a precios muy asequibles. Una ejemplo es la tienda online En Efectivo, que ofrece modelos de las principales marcas y para todos los gustos. Todos han sido revisados y poseen la correspondiente garantía.

Los móviles de ocasión presentan varias ventajas. Al ser más económicos, el niño puede practicar o jugar con ellos sin la preocupación de que se rompan. Los móviles caros en manos de los niños no son nada recomendables; primero, porque se pueden caer, y segundo, porque los pueden perder o se los pueden robar.

Queda claro, por tanto, que el primer móvil debe ser sencillo. Un smartphone de segunda mano, que incorpore las funciones básicas y que incluya un par de apps (Instagram y Whatsapp son ahora las más utilizadas entre los jóvenes) será más que suficiente. La compra de un móvil superior puede “venderse” como una recompensa, por buen comportamiento o buenas notas.