La maldición de Tutankamon ha hecho correr ríos y ríos de tinta. Pero, ¿por qué ha tenido tanta repercusión mediática? Estas son algunas claves para entender por qué la maldición de Tutankamon es algo de lo que todavía se sigue hablando a día de hoy y en lo que muchas personas continúan creyendo.

Lord Carnarvon

Su verdadero nombre era George Edward Stanhope Molyneux Herbert, V Conde de Carnarvon. Fue el mecenas de Howard Carter y financió la expedición que finalizó con el descubrimiento de la tumba de Tutankamon.

Falleció en un hotel en El Cairo unos meses después de hallazgo y su muerte dio pie a la leyenda de la maldición de Tutankamon. Se llegó a decir que a la misma hora en la que el fallecía en la capital egipcia su perro aulló de una forma espeluznante en su casa de Inglaterra, cayendo muerto al instante. También se ha hablado de que su muerte coincidió con un apagón que afecto a toda la ciudad.

Se sospecha que el verdadero motivo de la muerte de Carnarvon fue la septicemia que le transmitió la picadura de un mosquito y que se agravó con un corte que se hizo con su navaja de afeitar. Sobre esto hay otra leyenda que dice que cuando se investigó la momia del faraón, esta presentaba una marca en el mismo lugar en el que supuestamente tenía la herida el conde.

Fue el primero de decenas de muertos relacionados directa o indirectamente con la expedición y la momia. El siguiente fue su propio hermano, que también había formado parte de la búsqueda de la tumba.

Marie Corelli

Era una escritora gótica muy popular. Cuando falleció Lord Carnarvon envió una carta al New York Times diciendo que había encontrado una antigua leyenda en la que se advertía sobre los efectos de la profanación de las tumbas sagradas. Otros escritores como Sir Arthur Connan Doyle también se mostraron abiertos a creer en la maldición del faraón, por lo que pronto la maldición de Tutankamon fue tema recurrente en la prensa sensacionalista, cuanto más cuando comenzaron a multiplicarse las muertes.

Aspergillus fumigatus

Es el nombre de un tipo de hongo cuyas esporas se pensaba que podían haber causado la muerte las decenas de personas que fallecieron relacionadas con Tutankamon. Se decía que los antiguos egipcios podían haber conocido los efectos malignos de estas esporas y haberlas colocado en los recipientes de la tumba para matar así a cualquier intruso. Una especie de arma biológica primitiva. Fue una teoría tan extendida que aun hoy mucha gente la da por cierta aunque está más que demostrado que las esporas de este hongo no causan problemas de salud en ninguna persona sana.

Las trompetas de la tumba

Además de las muertes de las personas relacionadas con la expedición que encontró la tumba de Tutankamon o con las personas que tuvieron algún contacto con la momia, se han dado otros acontecimientos que han contribuido a aumentar la leyenda. Uno de estos acontecimientos fue el transporte de las trompetas encontradas en la tumba del faraón y con las cuales se pretendía recibir el año nuevo musulmán en el 1939 de la era cristiana. El camión que transportaba las trompetas cayó por un barranco falleciendo el conductor. También murió de forma trágica el músico que iba a tocarlas, sufriendo un infarto poco tiempo antes de la actuación.

Los últimos coletazos de la maldición

En el año 1972 muere de una hemorragia cerebral el doctor Gamel Mehrez, director del Departamento de antigüedades del Museo de El Cairo y responsable del traslado de la momia a Londres para ser exhibida. En el año 1967 fallece del mismo modo su sucesor, que había autorizado el traslado de la momia esta vez a Francia.