Las “chuches”, las patatas y demás aperitivos son los reclamos más típicos de los niños. Las mamás se amontonan a la puerta de la tienda para regalar a los paladares de sus hijos dulces sabores que no son el mejor obsequio para su salud. Entre otras cosas, muchos de los componentes de estos productos, 100% sintéticos, no vienen identificados en los ingredientes de los productos.

La alimentación es fundamental para la buena salud de los niños y en eso parece que todos los padres están de acuerdo. Pero casi todos los días caen en la tentación de suministrar dulces poco recomendables a sus hijos y, de esta manera, crean hábitos de alimentación muy costosos de suprimir con el paso de los años.

Entre los dos y los cinco años, los menores comienzan a adquirir sus preferencias alimenticias, muchas de las cuales los acompañarán durante toda la vida. A partir del primer años de vida, el crecimiento es menos veloz y se suelen comenzar a introducir las golosinas como una forma de recompensa y cariño recibiendo más energía de la que son capaces de gastar.

Problemas de salud

Los especialistas recomiendan que no se estimule a los pequeños el gusto por el exceso de sal (patatas fritas y, en general, los productos snack) o productos con alto contenido de azúcar (dulces, golosinas, galletas y chocolates). Siguiendo estas precauciones será posible evitar graves enfermedades como la hipertensión, que puede conducir a accidentes encefálicos vasculares; o a la obesidad.

El exceso de peso es otra condición de riesgo susceptible de ser adquirida en la infancia. Los problemas con la báscula conllevan el peligro de padecer más de veinte enfermedades asociadas a ella, como son las deficiencias a las articulaciones, cardíacas, respiratorias y diabetes, entre muchas otras.

Malos hábitos

Si a lo anterior se agregan las visitas frecuentes a lugares de comida basura, el panorama es aún más negativo. Este tipo de alimentos no sólo son abundantes en calorías sino que inducen a repetir la experiencia

Con los años, los niños –ya adolescentes- cambian los juegos infantiles por un estilo más sedentario. Los estudiantes, que refieren un alto número de horas viendo televisión, acompañan este estilo de vida atiborrándose de azúcares, refrescos de cola y aperitivos de maíz. Este comportamiento junto con un menor gasto de las calorías ingeridas, un mayor sedentarismo y una reducción de las actividades deportivas, facilita el desarrollo de la obesidad.

Por otra parte, es bien conocida la relación directa entre el nivel de consumo de azúcar y la prevalencia de caries en una población, así como la asociación entre niveles elevados de consumo de azúcares y la obesidad infantil. Tampoco hace falta resaltar el efecto beneficioso que tienen las medidas preventivas sobre estos problema de salud.

No hay información

Pero no sólo son preocupantes las malas costumbres adquiridas en la alimentación, sino que, en la mayoría de los casos, este tipo de alimentos no llevan especificados sus ingredientes. Además, todavía no hay leyes suficientes que regulen los ingredientes que son dañinos (y por tanto, que no se pueden emplear) y tampoco las hay para legislar y condenar el hecho de que los consumidores no sepan qué es lo que están ingiriendo.

Pero ya hay algunas empresas que comienzan a rectificar. La multinacional agroquímica Novartis, una de las empresas líder en la producción de cultivos transgénicos ha informado a Greenpeace que no utilizará más ingredientes de ingeniería genética en sus productos alimenticios en ninguna parte del mundo.

Dentro de los productos que esta empresa distribuía nos encontramos patatas y aperitivos de maíz, elaborados a partir de los vegetales transgénicos que ella misma cultivaba. De este modo, se convierte en la primera compañía que elimina globalmente los alimentos modificados. No obstante, no deja de ser paradójico que uno de los principales productores de plantas transgénicas del mundo –incluido el maíz Bt que se está plantando en España-, abandone el uso de estos ingredientes en sus propios productos.