Muchas de las sustancias que mejoran la salud, previenen de las enfermedades y benefician al organismo, forman parte de un alimento. Acidos fenólicos, flavonoides, vitaminas, cinarina, etc… están presentes en la alcachofa, llena de virtudes terapéuticas. La alcachofa no es únicamente una hortaliza sin desperdicio.

Es bien cierto que se pueden aprovechar sus hojas, tallo y corazón además de beneficiar la dieta y la línea. También es una planta medicinal cuyos compuestos son grandes aliados de la salud. Por todo ello es importante tenerla como comida o suplemento. Pocas verduras son comparables a este cóctel natural de elementos curativos. La alcachofa es rica en fósforo, hierro y calcio. También posee vitaminas A, B y C y su contenido en agua llega al 85%. Es muy recomendable en las dietas que deben evitar el colesterol. Es poco calórica (un 63%), tiene sustancias proteicas en un 3% y los glúcidos alcanzan el 7%. Además, el agua que queda de su cocción es una verdadera tisana para el hígado.

Contra qué lucha

La alcachofa es un freno para muchos y diferentes problemas de salud. Su contenido en hierro impide la anemia. Es importante para las mujeres, cuando éstas pierden hierro en exceso después de cada menstruación. Los principios amargos de esta hortaliza estimulan también el apetito y ayudan a hacer una buena digestión. Asimismo, sirven para una completa asimilación de los alimentos.

La diarrea y el estreñimiento también son objetivos de la alcachofa. La planta cruda, a menudo, permite reequilibrar todas las funciones del intestino, si éste está alterado. En caso de estreñimiento la riqueza en fibra vegetal ayuda a agilizar tanto el tránsito como el vaciado intestinal. También, ayuda a mejorar el estado en general. La planta favorece la asimilación de las comidas, restablece el equilibrio orgánico y nervioso, además de beneficiar a todas las glándulas de secreción interna.

Ciarina y Cinaropicrina

La Ciarina es una sustancia acre y aromática que está presente en todas las partes de la alcachofa, sobre todo en sus hojas. No sólo confiere a la planta su característico sabor amargo sino también la mayoría de sus propiedades terapéuticas y protectoras. Es un ácido fenólico que se emplea en productos de fitoterapia para mejorar el funcionamiento hepático, biliar y renal. Combate la anemia y arterioesclerosis.

La Ciarina se puede producir de forma sintética, pero aunque iguala en sabor a la natural, su acción es casi inactiva desde el punto de vista de la salud. La Cinaropicrina es otro de los componentes amargos aislados en la alcachofa. Es similar al “diente de león”, muy importante en la fitoterapia. La Cinaropicrina tiene una comprobada acción anticancerígena, según recientes investigaciones científicas.

Monodietas y curas

Efectuar una cura y una monodieta de alcachofas al final de cada estación es importante para combatir el sobrepeso. También en aquellas ocasiones en que se ha incurrido en excesos alimenticios. Con ambas, monodieta y cura, se puede llegar a perder hasta un kilo por jornada en muy pocos días.

La monodieta se compone exclusivamente de una ingestión diaria de alcachofa. Deben ser cinco veces al día, en zumo y cocida. Esta última puede tomar cualquier forma: Al vapor, hervidas, a la plancha, al horno o cocinada en olla exprés. La monodieta se debe efectuar durante tres días. No hay que dilatarla porque esta dieta tiene ciertas carencias nutricionales. La cura consiste en beber zumo de alcachofas tres veces al día, antes de las principales comidas y durante una semana como máximo.

Bien sea en la monodieta como en la cura, conviene beber agua mineral y aliñar las alcachofas con aceite de oliva. La infusión de alcachofa es, también, un remedio muy eficaz contra la celulitis. La cura se basará en una serie de infusiones mixtas de raíces y hojas de alcachofa. En total, 30 gramos hervidos durante diez minutos en un litro de agua. Durante tres semanas se tomarán tres tazas diarias, alejadas de las comidas. Se debe suspender el tratamiento durante una semana y después repetir el ciclo.