“La mejor película de la historia”. Esa fue la primera opinión que oí de Interstellar. Desde luego, una afirmación como esa debe fundamentarse en hechos, y por ello, decidí comprobar porqué una simple película, cargada de efectos especiales, había cautivado a tanta gente, sobresaliendo del resto.

Christopher Nolan, director y productor del film, cuidó el más mínimo detalle para hacer su obra inolvidable. En un futuro, no muy lejano, la Tierra se convirtió en un lugar inhabitable para el ser humano, que acabaría por desaparecer. En una pequeña ciudad agraria de los Estados Unidos, vive Cooper (Matthew McConaughey) un ex-piloto de la NASA, junto con su suegro e hijos, Tom y la pequeña Murphy.

Un día, tras una tormenta de arena, Cooper descubre que lo que su pequeña hija, Murphy, llama “fantasma” es una desconocida inteligencia codificada que les lleva a una base oculta de la NASA, a pocos kilómetros de la ciudad.

Desde ese momento, Cooper se embarca en una aventura, por salvar a la humanidad, ya que es encargado de buscar un planeta donde el ser humano pueda habitar. Aunque no todo sucede tan sencillo, y debe enfrentarse al abandono de su familia, por tiempo ilimitado, y a muchos otros desafíos desconocidos.

¿El final? Inesperado, desconcertante, sublime, lleno de sentimientos enfrentados. El espectador observa la escena con asombro y justo después del punto de inflexión, que da sentido a todo, los minutos pasan tan rápidamente que necesitas un respiro para asimilar qué ha pasado.

Quizás no sea la mejor película de la historia del cine, pero sí es una gran producción, con un exquisito montaje, donde el papel de los efectos especiales y los planos hacen de ella un visionado obligatorio.

¿A qué estás esperando para verla?

Minerva Marcos López, autoría propia

Autor: Laura. Soy una blogger amante de la moda, me gusta cuidarme y llevar una vida sana. Comparto mis gustos y aficiones así como temas interesantes.