“Me fui para olvidar
me fui para pensar
y se me olvido pensar
que no quería recordar”

 

Cuenta la leyenda que un Príncipe Imperial llamado Yurram conoció en un bazar de la ciudad india de Agra, capital del imperio mongol entre los siglos XVI y XVIII, a la princesa Arjunmand Banu de sólo 15 años e hija del primer ministro de la corte. La princesa estaba probándose un collar de diamantes por valor de 10.000 rupias y el príncipe pago sin dudarlo la joya conquistando el corazón de la joven.

A pesar de este amor y de ser un príncipe que lo podría tener todo, no todos sus deseos podrías cumplirse teniendo pues que casarse con la princesa hija del rey de Persia. A pesar de contraer este matrimonio de conveniencia el príncipe nunca pudo olvidarse de la joven del mercado, dado que la ley musulmana le permitía tener varias esposas, cinco años después de ese primer encuentro y sin haberse visto ni una sola vez más, el príncipe pudo cumplir con su sueño y casarse con su amada.

A pesar de ser su cuarta esposa fue la favorita y con ella tuvo 12 hijos antes de que el dolor hiciera su aparición en esta hermosa historia de amor. Tras varios años de dicha conyugal, el príncipe fue coronado como ‘Rey del mundo’ y fue conocido como un gobernante bondadoso, gran amante de su pueblo y de la paz.

En 1631, tras 19 años de feliz matrimonio y durante una visita a la campaña de Burhanpur, donde se encontraban las tropas de Shah Jahan con el objetivo de sofocar una rebelión, Mumtaz Mahal falleció repentinamente al dar a luz al décimo cuarto hijo de la pareja, una niña llamada Gauhara Begum. Antes de morir, ella le pidió a su rey que cumpliera con las siguientes promesas: que construyera su tumba, que se casara otra vez, que fuera bueno con sus hijos y que visitara su tumba cada año en el aniversario de su muerte.

El emperador y amante esposo sintió un dolor tan intenso que deseó morir junto a su esposa. Su tristeza era tan profunda que se encerró en sus habitaciones ocho días con sus ocho noches, sin comer ni beber. A la salida, Jahan ordenó que se cumpliera el luto en todo el reino prohibiendo las vestimentas de colores, tocar música, usar perfumes y joyas y hasta llegó a prohibir la sonrisa entre los súbditos. Jahan se encerró en palacio sumido en su dolor y no reapareció hasta un año después muy envejecido y, para asombro de sus súbditos, su pelo y barba se habían vuelto blancos en tan sólo unos meses.

Aunque en un principio, el cuerpo de Mumtaz fue sepultado temporalmente en Burhanpur, en un jardín amurallado conocido como Zainabad. En 1631, el cuerpo de Mumtaz fue exhumado y transportado en un bello sepulcro de oro, hacia la ciudad de Agra donde se encontraba el Palacio Imperial. Y así cumplió con una de las peticiones de su esposa y por desgracia la única que pudo cumplir. Pero si que se propuso que su esposa tendría la tumba más hermosa que el mundo hubiera visto jamás, rindiéndole así un homenaje a su amada que perdurase por los siglos de los siglos y lo consiguió.

Con esa idea en la mente, el emperador mandó construir el complejo de edificios del Taj Mahal.

♥Fin de la cita♥

 

Autor: Andrea Diez González.