Someterse a un tratamiento médico en el que no te garantizan resultados, entrar en un quirófano para soportar la incertidumbre y la angustia hasta lograr ese embarazo tan deseado, no parece desalentar a las parejas con problemas de fertilidad. Cada vez son más las que, en manos de los especialistas, pretenden superar este problema y, aunque el camino es arduo, los resultados parecen alentadores. Son diversas las razones que pueden interferir en la fertilidad. Una infección genital mal curada, la diabetes, motivos psícosomáticos, la obesidad, el estrés, el tabaquismo, enfermedades genéticas o la endometriosis en la mujer, pueden ser la causa de una prolongada espera para la llegada del bebé. Influyen nuevos hábitos sociales que actúan como factores de riesgo, empezando por el retraso en la edad de la reproducción que empieza a partir de los 35 o 36 años, cuando ya ha disminuido la fertilidad y la frecuencia del acto sexual. A estos datos hay que añadir que, de por sí, la fecundidad en la especie humana es la más baja entre los mamíferos. Con cinco coitos semanales, entre los 19 y los 20 años, sólo se llega a un 30% de posibilidades de embarazo al mes. También factores de riesgo ambientales se han atribuido al descenso del número de espermatozoides. Ciertas sustancias tóxicas de la naturaleza, o incluso el uso de ropa ceñida, el tabaco el estrés o el alcohol también pueden influir en la calidad del semen.

Tratamientos a la carta

Dependiendo de la patología de cada paciente el especialista aconsejará el tratamiento más adecuado y aunque, en principio, suelen ser un tanto estresantes, las técnicas utilizadas no son demasiado traumáticas para el paciente. En el caso de la inseminación artificial, no es necesario ningún tipo de anestesia y el paciente puede volver a su domicilio inmediatamente después. Mediante esta técnica se depositan los espermatozoides “capacitados” de la pareja habitual de la paciente o de un donante anónimo en el interior del útero, en el momento en que se va a producir la ovulación. Otra técnica de reproducción asistida, la fertilización in vitro, resulta en su procedimiento un tanto más complicada ya que conlleva varios pasos. En un principio la mujer es sometida a un tratamiento de inducción de la ovulación para que logre obtener varios óvulos de una sola vez. Esto permite disponer de una mayor número de huevos fertilizados, y mejorar el porcentaje de éxitos de esta técnica.

Jornada de incertidumbre

Cuando los óvulos han madurado será el momento en el que le serán aspirados a la paciente y para ello deberá entrar en el quirófano y, en este caso sí, será necesaria una sedación para evitar molestias. Aunque habitualmente no se administra la anestesia general, en este paso siempre está presente un anestesista. Por otra parte ya ha sido recogida una muestra de semen con la que, en el laboratorio, se mezclará a los ovocitos y en una sola noche se podrá conocer cuantos han fertilizado. Mediante una pequeña intervención con un catéter flexible estos embriones, generalmente cuatro, se colocan en el interior del útero. El procedimiento es muy sencillo y las pacientes suelen volver a casa tras un breve descanso y reanudar sus actividades normales al día siguiente.

Semen de baja calidad

Nuevas técnicas, como las microinyecciones de espermatozoides, han resuelto los problemas de esterilidad por mala calidad del semen del hombre. Estos avances abren nuevas puertas para una situación que hasta ahora sólo contaba con la alternativa de utilizar el semen de un donante. También las últimas técnicas de cirugía han aportado algunas soluciones en el campo de las infertilidades femeninas por endometriosis leves gracias a una sencilla intervención mediante laparoscopia, de rápida recuperación y mínimas cicatrices. Los especialistas en esterilidad aconsejan que sean de 4 a 6 ciclos el número máximo de tratamientos antes de descartar definitivamente el embarazo; y esto dependiendo de cada caso y de la patología de cada paciente. También resulta conveniente que la edad de las pacientes no sea demasiado avanzada ya que a partir de los 40 años las técnicas no resultan tan eficaces.