Cuando una mujer da a luz no piensa en la distensión de su abdomen, no. En ese momento no. Pero cuando pasa el subidón inicial e intentamos volver a la normalidad con un cuerpo que no es el nuestro, entonces sí. Entonces nos damos cuenta que estamos solas ante la nueva forma que ha adquirido nuestra barriga. Algo pasa, y no sabemos cómo hacer un feedback a  aquellos momentos en los que la (casi) planicie era un status. Es en ese momento en el que pensamos en ponernos una faja postparto, en sus ventajas y desventajas.

Mucho se ha escrito sobre la idoneidad o no de estas ‘herramientas de contención’, el resumen de los detractores y los defensores es que el cuerpo tiene mecanismos de sobra para volver a la ‘normalidad’ y abusar de las fajas podría hacer a los músculos vagos.

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Sin embargo hay un margen de maniobra, ya que muchos especialistas la recomiendan para los primeros días porque en estos momentos de kilómetro 0 una faja postparto puede ayudar a hacer el esfuerzo que tu débil cuerpo aún no puede hacer, disminuir los dolores, darle estabilidad a la espalda y enseñarle el camino a los músculos. Pero como todo, sin abusar.

Sin embargo, otros expertos sostienen que durante la primera semana de postparto el cuerpo gestiona estas distensiones de manera acelerada y por ello, hay que dejarlo ‘libre’.

Los estudios demuestran que la diástasis (la separación entre los dos lados del músculo recto mayor del abdomen) afecta a un 50-70% de las mujeres embarazadas y, en muchas ocasiones, puede llegar a generar una distancia intermuscular de 2,5 cm para favorecer la gestación, sobretodo en partos múltiples. Esto es lo que provoca que nuestra barriga no luzca firme.

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Durante el embarazo, los cambios hormonales causados por la relaxina, progesterona y estrógenos combinados con el crecimiento uterino, causan el estiramiento de la faja abdominal  (músculos laterales), afectando principalmente al recto del abdomen.

¿Qué hacer para recuperar tu abdomen tras el parto? Gimnasia hipopresiva

Primero y principal: no hagas abdominales tradicionales los primeros meses tras dar a luz. Contrariamente a lo que se piensa, los abdominales contribuyen a separar aún más los rectos abdominales y empujan los órganos hacia una musculatura aún laxa para aguantar la presión. Tendrás que esperar a estar completamente recuperada.

Mucho se está hablando de los ejercicios hipopresivos, y hay estudios (Spitznagle, Che Leong y Van Dillen (2007)) que señalan que practicarlos todos los días entre 20-30 minutos podría reducir casi un 10% el contorno de la cintura. La Asociación Española de Fisioterapeutas (AEF) recomienda hacer ejercicios de kegel 48 horas después de dar a luz y realizar gimnasia hipopresiva en las semanas posteriores.

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Los ejercicios hipopresivos integran entrenamiento abdominal, postural y del suelo pélvico simultáneo, entendiendo el cuerpo como un todo. Las Técnicas Hipopresivas (TH) fueron creadas por el Doctor en Ciencias de la Motricidad y especializado en Rehabilitación Marcel Caufriez que a través de su dedicación a la reeducación uro-ginecológica se dio cuenta de que la manera de realizar los abdominales tradicionales perjudicaban el suelo pélvico en el post parto.

El objetivo es buscar una técnica que recupere la faja abdominal, la postura y el suelo pélvico de la mujer sin provocar aumentos de presión intraabdominal innecesarios para dicha etapa.

En resumen, la faja no perjudica si la llevas con control y sin abuso, pero enseñar a tu cuerpo a ser el que era es, sin duda, el camino más eficaz hacia la llanura abdominal.

Entre las principales ventajas que tiene utilizar una faja postparto se encuentran:

  • Es un apoyo para que nuestra barriga vuelva a su forma natural con más rapidez, tanto los músculos, como órganos internos, como la piel.
  • Corrige la postura y da estabilidad a la espalda aportando una sensación de seguridad y recogimiento.
  • Nos ayuda a combatir el ‘vacío’ del abdomen que se siente tras a dar a luz.
  • Nos ayuda a tener más movilidad.

Pero entre los inconvenientes de utilizar faja en el postparto encontramos:

  • Puede hacer vagos los músculos de la conocida como ‘faja abdominal’ y los dos rectos
  • La faja puede crear un tipo de adicción generado por la seguridad que nos aporta y por la contención que nos genera, derivando en un abuso de su uso.
  • Tras una cesárea, hay expertos que recomiendan no usarla hasta que la herida haya cicatrizado.

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Autor: Revista Feminity. Los artículos redactados por el equipo de Revista Feminity son aquellos que se refieren a las opciones y noticias sobre esta web, así como la edición de artículos enviados por usuarios a través de la sección COLABORA.