Los padres se sienten cómodos en su hogar y los hijos sólo piensan en salir de casa y evadirse. Sin embargo, los sociólogos opinan que los españoles somos los europeos que mejor nos sentimos en la casa paterna. Los jóvenes no tienen prisa para irse de casa.

Fuera de España, sobre todo en Estados Unidos, los chicos a partir de los 15 años salen de casa, que si al campus del “high school”, a la universidad o al apartamento alquilado con los amigos. No vuelven a sus hogares más que para Navidad o distintas fiestas familiares, si las distancias se lo permiten.

Sin embargo, aquí son más caseros. Por unos motivos o por otros, un 60 % de la población menor de 34 años vive aún en casa de sus padres. Unos estudios sociológicos lo achacan a las dificultades a la hora de adquirir vivienda, otros consideran que los jóvenes se sienten cómodos en los hogares paternos, también hay opiniones que dicen que no hay suficientes ayudas de emancipación por parte del Estado.

¿Por qué ocurre?
El caso es que la emancipación se retrasa y las generaciones se amontonan, llegando a compartir la misma vivienda la abuela, los padres y varios hijos. Incluso hay casos en los que se apunta la bisabuela.

Puede ser que esto ocurra porque en las casas están cómodos y para despejarse un poco, existen múltiples alternativas de ocio. Como es el caso de salir de copas, a cenar fuera, al cine, a ver la final de la liga de Campeones a un bar o acercarse a bibliotecas a estudiar o a leer.

Hay una generación más ansiosa por salir de casa y a la que le resultaría impensable quedarse un viernes o un sábado en familia. Todos ellos tienen una fuerte necesidad de distraerse, hecho que según el sociólogo Elías Trabada en su libro “Necesidades de la vivienda desde la perspectiva de los cambios en la estructura de los hogares” hace pensar que no se sienten cómodos en el hogar “por falta de identificación con el espacio propio y, sobre todo, la persistencia y el incremento de los niveles de hacinamiento en una buena parte de los hogares con cuatro o más miembros”.

Ofertas de ocio

La oferta que hay en las grandes ciudades es interminable: locales que pueden cerrarse para organizar fiestas particulares, centros deportivos, cibercafés, amplia oferta en teatro, macro cines equipados de toda la tecnología en sonido. Y, por supuesto, bares de copas, discotecas, cafés o el insólito caso de “Abierto hasta el amanecer”, en Gijón, que ofrece alternativas de ocio gratuitas hasta las tres de la mañana.

Mientras que la acogida que existe en casa por parte de los padres, es inmejorable: la nevera está llena, la comida hecha, la ropa lavada y planchada y la cocina recogida. Aunque la tecnología colabora en las salidas de casa. Es el caso de los teléfonos móviles, que los padres facilitan a sus hijos para tenerlos más controlados. En opinión de Miguel Ángel Calderón, asesor técnico de la Dirección General de Juventud de la Comunidad de Madrid, “es absurdo pensar que la relación padres-hijos puede mejorar por esta conexión. Si existe falta de autoridad, un teléfono no la solucionará”.

También hay motivos por los que quedarse en casa: leer una novela, conectarse a Internet, jugar con la consola, hablar por teléfono… Según Miguel Angel Calderón “el ambiente en casa en España es mejor que peor, siendo éste uno de los motivos por el que los jóvenes no tienen excesiva prisa por emanciparse (independientemente de los problemas que hay para conseguir vivienda). En otros países empujan a los hijos fuera de casa, en el nuestro no ocurre así. Sin embargo, aquí, en líneas generales, no hay falta de apoyo familiar”..

Pasividad de los padres

Por otro lado, un encuesta presentada por la Confederación de la Vivienda de España afirma que “sólo el 23 por ciento de los jóvenes españoles intenta poner solución al problema del acceso a la vivienda en el mercado de trabajo, mientras que el resto ha decidido posponer la solución a dos o tres años”.

Además, el escaso espacio en las viviendas de clase media implica falta de intimidad y según una encuesta realizada hace dos años por la Dirección General de Juventud, los mayores valores de los jóvenes son reunirse con sus amigos, preferiblemente fuera, “en un bar, cine, discoteca…consiguen más privacidad, consumen alcohol y establecen relaciones sociales”, según Calderón.

Desarrollo tecnológico

El desarrollo de la tecnología está suponiendo un cambio de costumbres que empujan a quedarse en casa. Todos estos aparatos facilitan la estancia en el hogar y son los jóvenes quienes más atraídos se sienten por ellos.

Según el asesor técnico de la Dirección General, las consultas a su página web avanzan a marchas forzadas y las nuevas generaciones tendrán con Internet la misma habilidad que la actual con el teléfono. Sin embargo, el canal de comunicación más importante es la televisión. Tiene un futuro fundamental en la conducción de las conciencias y en la educación social.