Es increíble, intolerable y repugnante la estafa de las compañías telefónicas, ADSL y demás. En concreto me voy a centrar con los servicios de telefonía móvil. Cuando te llaman para proponerte que te unas a ellos (sin respetar la Ley Orgánica de Protección de Datos), todo son promesas: Sistemas de puntos, tarifas asequibles, terminales último modelo…  Obviamente, todos caemos en la trampa ya que el móvil es necesario y cuanto mejor sea el terminal y más prometedora sea la tarifa mejor.

La tortura comienza cuando tienes algún problema que crees que te van a solucionar, ya sea un cambio de terminal, canjeo de puntos o cualquier duda. Supuestamentesu deber es, “comprometerse a buscar las mejores soluciones”, como dicen los teleoperadores de no se sabe qué país.  Ni soluciones, ni respuestas satisfactorias. No pueden ayudarte porque ni siquiera saben cómo hacerlo, ya que los sueldos baratos finalmente salen caros… Caros para nosotros, lógicamente, porque estas grandes empresas se ahorran sueldos “normales”  con los que podrían contratar a gente eficiente o, al menos, gente con un mínimo de inteligencia que no se limite a leer.

La peor pesadilla sucede cuando te quieres dar de baja. Entonces te atiende alguien que habla tu idioma y que posee la picaresca suficiente como para hacerte nuevas ofertas e insistirte una y otra vez para ver si te rindes.  En mi caso, al dar de baja dos líneas de mi ex- empresa, la señorita de turno me tuvo al teléfono casi una hora, insistiendo una y otra vez en que no debería abandonar la compañía y, por supuesto, advirtiéndome de la penalización por no cumplir con ese odioso contrato de permanencia que es lo mismo que sellar un pacto con el diablo.

Ante mi resistencia, la señorita de turno me indicó que para darme de baja debía enviar una carta con mis datos, DNI y una explicación… ¡¿Cómo?! Mi respuesta fue que igual que realicé el contrato vía telefónica merecía que la baja se tramitara de igual manera, que estamos en el siglo XXI, en la era de la tecnología. Le dije que no tenía por qué enviar ninguna carta con ninguna explicación, simplemente porque no me daba la gana. Quería darme de baja y punto. Además, el truco de la cartita, es una artimaña para que transcurran los días con el pretexto del envío postal. ¿Cuántos días puede transcurrir desde que echas la carta al buzón y efectúan la baja? La respuesta es muy simple: Probablemente, los días necesarios para emitir la factura correspondiente a un mes.

La señorita de turno, ante mi rotundidad, aceptó de mala gana realizar la baja por teléfono, al comprobar que no tengo el coeficiente intelectual de los teleoperadores de sueldos bajos. Me daba igual pagar una penalización. No quería ni quiero ni querré nada con esa compañía.

Estupefacta y muy, muy cabreada (y perdón por la expresión) me he quedado al comprobar que mi banco ha pagado el 1 de octubre, puntualmente, el recibo de septiembre, cuando solicité la baja a mediados de dicho mes. Y me espera la penalización, que deberé pagar según mi abogado, para que no me incluyan en una lista de morosos y encima de robarme manchen mi nombre. Y, para colmo, recibiría una y otra vez las llamadas de alguna empresucha carroñera de gestión de cobros, de esas que te acosan y te amenazan incesantemente. ¿Es eso legal? ¿Dónde están mis derechos? ¿Por una mísera cantidad de euros manchan mi nombre y pueden acosarme y amenazarme? ¿No debería existir un límite mínimo de cantidades más elevadas para que te exijan el cobro? De modo que el mismísimo yerno del Rey ante el que debemos hacer reverencia probablemente se libre de la cárcel y seguramente no devolverá nada y a mí, o a ti (o a usted) nos persiguen por menos de cien miserables euros. ¿Es eso justo? ¿Estamos en un país civilizado? ¿Vivimos en el siglo XXI o en la Edad Media, en la que los poderosos se libraban de cualquier castigo y el pueblo era el que soportaba todos los males y abusos?

No sé si a vosotros os ha ocurrido algo parecido, pero este gobierno, tan amigo de los recortes, debería comenzar por recortar el atropello y el abuso de estas mega-compañías miserables dirigidas por influyentes super millonarios y también de las carroñeras empresas de gestión de cobros, protegiendo a los ciudadanos, que apenas ganamos lo suficiente como para llegar a fin de mes y que colapsamos a las organizaciones de consumidores..

Podría decir el nombre de la compañía, pero creo que ya la imaginan, siempre va asociada en Internet a la palabra “timo”. Y, en realidad, todas son el mismo perro con distinto collar. ¿La solución? Preguntar hasta el más mínimo detalle cuando vayas a realizar un contrato y saber decir NO. La primera regla para pactar con el diablo es “Nunca pactes con el diablo”

 

 

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Autor: Mar RV. Content Manager, blogger y webmaster desde el año 2005, he creado, gestionado y redactado artículos en diversos blogs de distintas temáticas, compatibilizándolo con diversas áreas o especialidades del Marketing Online: Content Marketing, Social Media Marketing o Analítica Web, por citar algunos ejemplos, aunque lo cierto es que he trabajado prácticamente en casi todas las áreas del Marketing Online y en casi todo lo referente a la gestión web: Redactando, analizando, diseñando o dirigiendo el contenido.