A veces espontaneo.

A veces dudoso.

A veces prohibido.

A veces problemático.

A veces irrefrenable.

A veces pasional.

A veces escaso.

A veces complicado.

El deseo pone de frente así lo deseado, el atractivo del deseo sin ser irresistible por su persuasión. El deseo surge naturalmente ante lo bello cuándo nos topamos de frente con nuestros cánones de belleza. Ahora bien, ¿qué hacer cuando pasamos del deseo a la rutina? Cuando tomamos conciencia de que esto ocurre pasamos a la segunda fase en la relación, la reseducción de la pareja.

Tenemos que ser conscientes de que las perfectas parejas de cine son una falacia. Las pieles sedosas, los orgasmos simultáneos, los cuerpos que rozan la perfección, etcétera… asique aterriza en el planeta tierra y sobrevive como puedas.

Ni hombres, ni mujeres sabrán lo que sus parejas quieren en la cama si no hay una confianza y comunicación sincera. Y aquí entra en jaque las preferencias que hombres y mujeres entienden por lo que es excitante.

Para un hombre bien puede ser una película porno, mientras que para una mujer pueden ser escenas cargadas de erotismo y sensualidad. Aunque no nos confundamos igualmente a la mujer le puede gustar que la pongan contra la pared a las dos de la tarde cuando está cocinando.

Suéltate la melena  comunícale a tu pareja lo que deseas en la cama de verdad, sin rodeos, sin anestesia. Animaros y romper con la rutina sexual, acabar con el deseo costumbrista que os está matando y mezclar lo salvaje con lo tierno.

Recordad que el mejor recurso para romper la rutina sexual es la propia imaginación.

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❤Fin de la cita ❤

 

 

Autor: Andrea Diez González.