Colgar un cuadro es tarea fácil. Hacerlo ciñéndose al estilo decorativo imperante en la vivienda y con un resultado atractivo no lo es tanto. No hay unas reglas generales, pero existen muchos puntos de vista y composiciones distintas, además de algunos condicionantes a tener en cuenta.

La idea central respecto a los cuadros es que estos no decoran la casa. Su función es ornamentarla. La decoración corre a cargo de otros elementos como los muebles, la iluminación e incluso el color de las paredes. Primero se crea el espacio y el estilo, los cuadros son un tema posterior. Tienen que tener sentido respecto al contexto decorativo de la casa. Son para que se vean.

La primera condición a tener en cuenta es respetar la línea de la altura de los ojos. Hasta hace algunos años se colgaban los cuadros muy altos; esta moda se explica por el gran tamaño de las piezas. Además, en la actualidad las casas son más bajas, con 2,50 ó 2,60 metros de altura como máximo en cada habitación. En casas antiguas es frecuente encontrarse con estancias de 3,20 metros de altura.

Hoy los cuadros son más pequeños y se tiende a colgarlos a la misma altura. No se ven mirando hacia arriba; de este modo se da la sensación de que los techos de la casa son más altos. Un cuadro colocado alto hace que el techo se venga encima de los habitantes de la casa. La altura ideal se sitúa entre 160 ó 170 centímetros. A este nivel debe ir situado el eje horizontal, no la base del cuadro.

Un espacio, una composición

La agrupación de cuadros busca composiciones cada vez más abiertas y artísticas. En las paredes de altura normal es recomendable colocar cuadros estrechos y largos. En habitaciones amplias y altas están indicados cuadros rectangulares o cuadrados de grandes dimensiones.

En el pasillo los cuadros deben colocarse a la altura de los ojos y simétricamente. La figura clásica en hilera y a la misma altura es perfecta para alargar los espacios. En los pasillos estrechos hay que tener cuidado pues el efecto será de alargar el corredor, que parecerá aún más largo y angosto.

Con la casa vacía cada cuadro debe ir buscando su sitio dependiendo de la luz y el entorno. Si no lo encuentra, lo mejor es retirarlo. Más vale una pared vacía que con cuadros mal puestos. Respecto a las paredes, el color blanco sirve para resaltar las imágenes ya que ofrece un efecto de exposición.

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Las composiciones

Aunque hoy se siguen las reglas clásicas, como ponerlos encima de sofás, muebles o la cama de matrimonio, la libertad es mayor a la hora de realizar las composiciones. Los marcos pueden disponerse a diversas alturas, lo que hay que respetar es su distribución simétrica. También es importante mantener la horizontalidad, no colocarlos torcidos, así se logrará la sensación de calma.

La regla fundamental a tener en cuenta es que la composición de los cuadros (en caso de ir varios juntos) sea ordenada. Un observador que mire el conjunto debe poder adivinar fácilmente las pautas con que se han colocado. En caso contrario aparece la sensación de confusión. Básicamente hay cuatro tipos de composiciones: formando el perímetro una figura geométrica (guardando dentro la misma distancia entre sí), respetando todos una línea común, ocupando una pared a modo de exposición o conformando una distribución artística.

Otro punto a tener en cuenta es que nunca hay que mezclar los estilos de decoración de una estancia a otra. En todas debe seguirse una línea parecida. No hay que recargar una habitación y decorar de forma minimalista las otras. En vez de colocar muchos cuadros pequeños juntos es recomendable que sean pocos y grandes.