Enseñar a su hijo a controlar sus necesidades urinarias es un proceso que requiere tiempo y paciencia, sobre todo, cuando se niegan o lo hacen en un lugar inapropiado. Hasta que el niño no esté preparado no es aconsejable forzar este entrenamiento. Todo intento encaminado a que el bebé evacue en un orinal se llama “entrenamiento higiénico”. Esta enseñanza no puede comenzar hasta que el bebé sea lo bastante maduro como para ser capaz de reconocer la necesidad de orinar o defecar. Hasta que el niño no alcanza un cierto grado de madurez fisiológica deberá seguir con sus pañales.

Quitar el pañal antes de los 12 meses

El bebé de esta edad es incapaz de mantenerse limpio o seco por pura naturaleza. Todavía no tiene la suficiente madurez como para reconocer esta necesidad fisiológica. Es preciso saber que ofrecer al bebé un orinal antes de tiempo no implica conseguir un entrenamiento afortunado. Si se comienza a usar el orinal a partir de los primeros 6 meses, el bebé será incapaz de comprender por qué le sientan en él. Por lo tanto, todos los esfuerzos invertidos en conseguir este logro serán inútiles.

Resistencia al orinal

A la mayoría de los bebés les desagrada sentarse en un orinal, porque al no tener respaldo se sienten inseguros. Cuando el bebé se niega y la madre insiste, lo único que conseguirá será intensificar la negación de sentarse en el orinal. Por ello, se aconseja no obligarle a evacuar en el orinal y mucho menos forzarlo físicamente hasta calmar la situación de tensión generada por esta confrontación.

Quitar el pañal partir del primer año

El verdadero entrenamiento no puede comenzar hasta que el bebé muestre, ya sea mediante palabras o gestos, que es consciente de que se ha mojado o ensuciado. Con mucha frecuencia, esto no sucede hasta los 12 ó 15 meses, cuando al orinar señale el charco o  se toque los pañales mojados. Este acontecimiento es el primer paso para que el pequeño avise antes de que se produzca el acontecimiento. Ese es el momento idóneo para abordar con éxito la “misión orinal”. El orinal suele ser muy útil porque es portátil, el niño se lo puede llevar a la habitación en la que está jugando y recurrir a él en el momento en el que lo necesite.

¿Qué hacer cuando no quieren?

Cuánto más capaz es un niño de retener su orina o heces, más puede decidir negarse al orinal. Puede ser capaz de pasar largo tiempo sentado en el orinal reteniendo sus excrementos u orina hasta que le permitan levantarse. En estos casos el niño defecará en cualquier zona menos en el orinal o en el retrete, y en cualquier momento menos cuando el padre o la madre se lo sugieran.

Por este motivo, el papel de los padres en esta etapa juega un papel fundamental. Ante este tipo de acontecimientos de negación se aconseja a los padres que recuerden al niño el deseo que éste tiene de hacerse grande y mayor. Además, suele tener mucho éxito permitirles usar calzoncillos o braguitas normales en lugar de pañales o dejarle que sea él mismo el que coja el papel higiénico.

Es preciso comunicarles que se prefiere que usen el orinal o el sanitario. Por otra parte, suele ser un arma muy eficaz recordarles que los niños mayores lo hacen siempre. Sus ansias por pertenecer a ese mundo de adultos serán un gran aliado.

Falsa enuresis

En relación con la enuresis la Asociación Americana de Pediatria señala que hasta los 3 ó 4 años de edad la gran mayoría de los niños no logran el control diurno de sus evacuaciones y orina. A pesar de que el niño sea capaz de mantenerse seco durante el día, con frecuencia, no suele ocurrir lo mismo durante las noches.

Ante este hecho los padres no se deben de alarmar puesto que es completamente normal que este logro no se alcance hasta los 5 años.