Si cada familia es un mundo, nuestros hijos serían ciudades con sus propias leyes. Pero si nosotros estamos criándolos, formando y amoldando, ¿por qué no se comportan como queremos? Son reflejo nuestro, pero también poseen individualidades que los diferencian del resto, incluso de sus padres.

El ser humano tiene diferentes maneras de captar al mundo y almacenar esa información. Lo que puede pasar no es que tus hijos no te quieran, sean desobedientes o rebeldes, sino que no
ven el mundo como vos.
En tu caso podés captar al mundo de manera visual (en imágenes), tu tono de voz es alto, agudo y rápido. Al recordar tu mirada va hacia arriba trayendo esas imágenes. El desorden no te abruma y te expresás moviendo las manos en distintas direcciones. Podés hacer varias cosas a la vez pero no las terminás. En cambio, tu hijo capta al mundo de manera auditiva, los sonidos lo atrapan, su tono de voz es medio y le gusta el orden. Todo lo que empieza lo tiene que terminar.

Entonces si vos sos visual y tu hijo auditivo, establecé un orden. Cuando haga sus tareas que primero termine una y después comience otra. Si es al revés, si tu hijo es visual, sabrás que lo
atraerán más las imágenes y que el orden no es su prioridad. Por eso hay que observarnos para entendernos y aceptarnos ya que todos somos únicos y eso es maravilloso.

Autora: Nadia Gimenez