Toda crisis matrimonial grave repercute en los hijos. Estos sufren una serie de incidencias emocionales que pueden variar según la edad y el sexo, así como en intensidad. Algunas de las repercusiones son las siguientes:

Sentimiento de abandono

El nińo siente amenazado el sentimiento de protección y pertenencia al grupo en el que se encontraba. Es consciente de que pierde algo y su reacción conlleva un sentimiento de abandono, que se manifiesta en ansiedad, angustia, depresión, tristeza, sentimiento de amenaza, temor, búsqueda de apoyo y necesidad de afecto.

Carencia afectiva

Otro sentimiento vinculado al anterior es el de la carencia afectiva que vive el nińo al empezar a sentirse sin protección. Es lógico ya que los conflictos de los padres desencadenan una serie de tensiones, que limitan la capacidad de dar a los hijos lo que necesitan en el plano afectivo y emocional. La carencia citada hace referencia a la carencia de afecto paterno y materno. La primera, provoca un desajuste entre la relación comunicativa y el sentimiento de seguridad, que viene a través de la adecuada relación con la figura del padre. Si el padre está amenazado por sus conflictos, el sentimiento de seguridad del hijo quedará afectado. La carencia de amor materno debilita el sentimiento de confianza, que es fundamental para lograr la madurez de la personalidad.

Alteraciones en los hábitos

Otras repercusiones de tipo emocional pueden interferir en el uso de otras capacidades o funciones como alteraciones en los hábitos de alimentación, sueńo, control de esfínteres, perturbaciones del lenguaje y modificaciones en la conducta, que demuestran la dificultad del sujeto para adaptarse a la nueva situación. En las etapas escolares pueden aparecer problemas en el uso de las propias capacidades intelectuales. Suele ocurrir en etapas de fuerte tensión familiar, en las que el hijo no rinde todo lo que es capaz, dándose una especie de fatiga psíquica, mayor, cuanto más larga sea la duración del proceso de divorcio. También pueden aparecer diversas tendencias que obstaculizan el desarrollo evolutivo del sujeto como agresividad hacia el exterior, autocastigo, oposición y terquedad, escaso contacto humano, tendencia a la sumisión y dependencia.

Nuevas tensiones

Otro elemento importante son las nuevas tensiones que surgen por el inevitable reparto afectivo al que el hijo se ve sometido, dado que la sentencia atribuirá a uno de los padres la custodia y al otro un derecho de visita. La entrega del hijo para la convivencia autorizada en determinadas horas hace que éste juegue un doble papel según con quien le toque estar en cada momento, y al regresar con el progenitor que le tiene bajo custodia suele ser muy frecuente que sea sometido a un interrogatorio sobre lo que ha hecho en compańía del “otro”. Todo ello afecta a la seguridad personal del hijo y le dificulta la adquisición de una confianza básica en los otros.