Los idus de marzo

La corrupción política es un tema muy recurrente en la ficción cinematográfica; muchas son las películas que han abordado este tema con mejor o peor suerte: como la recién estrenada “Los Idus de marzo” protagonizada por George Clooney, “Todos los hombres del presidente” de Robert Redford y Dustin Hoffman, “Primary Colors” con John Travolta y Enma Thompson, etc.

Cada una de estas películas nos demuestran que el mundo de la política no es tan limpio como los políticos nos quieren hacer creer, que el todo vale para conseguir un voto está más al día de lo que creemos. Se supone que una persona que se presenta a un cargo de representación ciudadana debe ser cuanto menos poseedor de cualidades como: honestidad, sinceridad, valía personal, entrega al trabajo y sobre todo, (aunque no debería valer tanto como lo anterior) buena imagen. Una imagen atrayente lo es todo; vale más si eres atractivo y tu contrincante menos agraciado. Y, si además tienes una campaña orquestada por un abnegado equipo que te presenta a los votantes como caballero, tanto mejor.

El éxito de una campaña que haga que el candidato se alce con un voto más que el otro y que esté, consiga rascar ese ansiado voto que le hace vencer a su contrincante depende de un estudio pormenorizado, no solo de los frentes a los que ha de enfrentarse el candidato sino también de sus oponentes. Si uno esconde un secreto tiene que asegurarse de que nadie, pero nadie, sea capaz de utilizarlo en campaña, porque si se filtra el más ínfimo detalle, tendrá por seguro que será expuesta a los cuatro vientos aunque el candidato no este desacuerdo en sacar a la luz los trapos sucios de su contrincante. (Tal como pasa en  “Los idus de marzo”) ¿Quién no querría que George Clooney lo representara? Todos. Que tiene un secreto inconfesable: pues se tapa. Una sonrisa suya calmara la sed de asombro o desconcierto que pueda tener el espectador. Si al desesperado encargado de la campaña(  eficaz Ryan Gosling) se le ocurre que este pida disculpas, reconozca su culpa y se presente como un candidato arrepentido capaz incluso de insinuar la retirada, todo quedará olvidado.

La ficción en este caso traspasa la realidad, casos grandes como el de Clinton siendo ya presidente, con el escándalo de sexo con su becaria, la ristra de amantes que le surgieron durante la campaña, y que no supusieron un problema porque si Hillary lo apoya, ¿por qué el resto no? Aun está por ver la gran historia cinematográfica que relate esta historia al detalle, pero si queremos saber un poco tenemos que visionar “Primary Colors” y vernos como él, (John Travolta) tiene dos caras: una donde se presenta como el gran candidato campechano y amable que está casado con una gran mujer sufrida y comprensiva (Emma Thompson). A su espalda es un adicto a las aventuras sexuales que no se molesta en esconder ni siquiera de ella.

Si consiguen pese a ello, escándalos y demás rumores, llegar al pode, entonces la llamada erótica del poder,(no siempre tiene que ver con el sexo, si no con la avaricia) le hará estar en una posición privilegiada, donde se tiene acceso a todo, donde mover los hilos y cortar los que nos mantenían atados a otros anteriormente es relativamente más fácil. Una vez se siente cómodo ya hará todo lo que considere para ganarse la confianza no solo de sus votantes, sino de todos aquellos que no le veían en el cargo. Además el dinero y la posición que se puede adquirir es muy jugosa como para dejarla escapar, tiene todo de su parte… Se empieza cobrando una propina extra por agilizar papeles y se acaba por adquirir grandes sumas y grandes ventajas frente a tus oponentes.

Si nuestros oponentes pueden ganarnos, los espiamos, (caso watergate) como recalcaba la estupenda Todos los hombres del presidente. El único caso de un presidente de U.S.A. que haya dimitido por corrupción. Porque reconozcamos que en España no dimite nadie, ni se le plantean mociones de censura.

¿Es que acaso todos estos s mandatarios, miembros de casas reales no deben de dar ejemplo? Porque una se queda con cara de tonta cuando esperas una leve disculpa o atisbo de reconocimiento de su implicación y nunca pasa.
Cuando el único presidente hasta la fecha, de USA dimitió, dio una serie de entrevistas a los años de su retirada a un periodista inglés de variedades (la magnífica película Frost contra Nixon, lo relata) por el que nadie apostaba, arranco la confesión, o más bien, la afirmación del descuido de su distraído entrevistado (cuando Frank Langella que interpreta a Nixon suelta las palabras que lo resumen todo: “¿Acaso no era yo el presidente de los Estados Unidos?”

En referencia a que podía hacer lo que quisiera, estaba por encima de la ley. Cuando Michael Sheen (el periodista) le hace ver la gravedad de su afirmación, este mira al suelo apesadumbrado y es cuando el alma se le cae a los pies y no porque se dé cuenta de su error, si no porque lo ha dicho, en un breve descuido.

Entonces yo me pregunto, tanto esfuerzo por salir elegido, por teóricamente representar a vecinos y paisanos en la mejora de las condiciones de vida, para qué ¿para enriquecerse? ¿Creerse por encima del bien y del mal? Porque ¿Dónde quedó eso de servir al ciudadano? Debe ser que sólo es una ilusión cinematográfica.

Artículo enviado por Mª Ángeles mata

Autor: Sarah. Periodista y escritora, madre y trabajadora a tiempo completo, mi pasión es escribir sobre diversos temas. He colaborado en varias publicaciones online y, en cuanto a los blogs, me gusta escribir sobre aquellas temáticas que reflejan mis intereses: Ocio, espectáculos, estilo de vida, celebrities...