Todos nos hemos confundido alguna vez un camello con un dromedario. Es lógico, no son especies típicas de España y no solemos encontrarnos con ellos a diario. Pero para que no quede ninguna duda sobre sus diferencias, vamos a enfrentar en este artículo al camello vs dromedario y dejar así claros todos los conceptos.

La joroba

La diferencia más evidente. El camello tiene dos características jorobas en su lomo en las cuales almacena no agua, sino una gran cantidad de tejido graso del cual puede sacar la humedad que necesita para sobrevivir, así como la energía que precisa. Pero cuando hablamos de dromedario jorobas no es el término adecuado, ya que solo tienen una.

No viven en la misma zona

Al encontrar a estos animales tan parecidos es fácil creer que habitan en la misma zona, pero no es así. Los dromedarios son originarios de la península arábiga y están acostumbrados a soportar altas temperaturas. Los camellos, por el contrario, proceden de Asia central y están más preparados para el frío. Precisamente, se cree que esta es una de las razones por las que tienen dos jorobas, porque les ayudarían a mantener de una forma más efectiva la temperatura corporal durante las heladas nocturnas.

Su pelo también es distinto

Se nos parecen mucho, pero la verdad es que no son iguales. Los dromedarios no tienen que aguantar frío así que suelen presentar un pelo corto durante todo el año. Los camellos, por el contrario, suelen tener un pelaje más largo y espeso en invierno y lo pierden parcialmente en verano, cuando llega el calor.

Y sus formas varían

El dromedario es más alto y esbelto. Tiene las patas largas, lo que permite que su cuerpo quede más alejado de las cálidas arenas del desierto. Sin embargo, el camello es más robusto y tiene las patas más cortas y fuertes. Esto les permite moverse con mucha más seguridad por terrenos montañosos.

El carácter también es distinto

El dromedario es un animal temperamental que, aunque puede ser domesticado y lo es con mucha frecuencia, puede tener ramalazos fuertes de carácter. El camello, por el contrario, es mucho más tranquilo y dócil y disfruta más de la compañía de la gente, pero por sus características físicas es menos indicado para el transporte de personas, siendo utilizado normalmente para carga.

Esto nos deja claro que la mayoría de las veces que en un lugar turístico nos llevan “en camello”, normalmente lo que estamos haciendo es montar en un dromedario, tal como sucede en países como Egipto, donde son muy frecuentes.

En Canarias, son frecuentes los paseos en camello, ya que existe una especie de camello autóctona de las islas. La llegada de los camellos a Canarias está documentada. Los primeros ejemplares llegaron en el año 1405, procedentes de África. ¿De África? Sí, y si los miramos bien, vemos que tienen solo una joroba, por lo que en realidad, serían dromedarios. Pero el nombre de su especie ha quedado registrada como camello canario y así es correcto llamarlos.