Bye bye gente tóxica

Hay dos épocas clave en el año en las que decidimos renovarnos: El final del verano y el final del año.  Teniendo en cuenta que cada final supone un comienzo, el fin de las vacaciones estivales se convierte en el comienzo de un nuevo curso y el fin de año da paso a un nuevo calendario. En ambos casos, siempre nos proponemos nuevas metas, corregir ciertos errores, mejorar… Y, en esa página en blanco que abre un nuevo capítulo en nuestras vidas, deseamos incluir aquello de lo que carecíamos en anteriores capítulos o, por el contrario, borrar aquello que no queremos. En mi caso, una de mis objetivos es alejarme de la gente tóxica, por muchos motivos. Por dignidad, por respeto a mí misma, porque yo lo valgo y lo más importante: Por salud. Salud mental, espiritual y física.

No estoy dispuesta a perder mi energía y la fe en mi misma por culpa de quienes no quieren nada bueno ni para mi ni para los que les rodean, por lo que  me he propuesto firmemente alejarme de la gente tóxica. En algunos casos, es posible hacerlo radicalmente y en otros casos es más difícil porque hay seres tóxicos que, inevitablemente, forman parte de tu día a día: Vecinos, compañeros de trabajo, familiares, familiares políticos, tu jefe, el conserje de tu edificio, etc.

Seguro que habéis leído mucho acerca de la gente tóxica. De hecho, es un término que ya aparece con frecuencia en las secciones de bienestar y salud de las revistas, amén de las super ventas de los libros que tratan el tema.

Existen muchos tipos de seres tóxicos pero mi resumen es que, básicamente son seres completamente imbéciles que creen imbéciles a los demás… Hasta que sus víctimas se desengañan o pierden la paciencia, claro, porque por muy ciega que una esté o por muy inocente que seas, la mentira no dura eternamente.

Lo que más me irrita de la gente tóxica es que, aun después de desaparecer de nuestras vidas, dejan tras de si un reguero de escoria. Dolor, rabia, sufrimiento, autoreproches o incluso traumas. El daño, hecho está. Y el tiempo perdido y desperdiciado, no regresa. Por eso es importante identificarles a tiempo, neutralizarles, decirle “Bye bye” y alejarnos.

Seguramente os preguntaréis ¿Cómo identifico a tiempo la gente tóxica? Pues bien, por lo general son encantadores de serpientes, chantajistas emocionales, ególatras, egoístas, interesados, cizañeros, desagradecidos, soberbios, crueles, frívolos, mentalmente inestables, acomplejados… Suelen ser personas que desean aprovecharse de ti, aislarte, mermar tu autoestima para adquirir poder, apoderarse de ti porque se sienten solos, alejándote del camino correcto o de la gente a la que quieres, utilizando diversas tácticas como sembrar  la duda y la discordia. Son también personas que te utilizan, que creen merecer lo que no merecen, que lo dan todo por garantizado, que te traicionan, que mienten, que te envidian, que critican, que reprochan, que piden explicaciones sin tener derecho hacerlo, que se dan por ofendidos cuando han sido ellos los que han cometido el agravio, que te manejan con chantajes emocionales… Resumiendo:  La gente tóxica son “seres” que te hacen dudar de ti misma, de aquello en lo que crees, de quién eres y a quiénes amas. Gente que te crispa, que te hace sentir mal, que te anula, que consigue que tú seas tu peor enemiga… ¡Y, para colmo, imbéciles! 

Mi hermana tiene la envidiable capacidad de detectar a la gente tóxica en poco tiempo, como un cerdito buscando trufas. Eso no quiere decir que ella haya sido o sea víctima de algunos de esos seres, algo que no entendí hasta que me di cuenta que las situaciones se observan mejor desde el exterior y que su olfato canino -o porcino- sólo funciona con los demás, cuando quiere protegerme a mí o a alguien a quien aprecia, para luego transformarse en anosmia -falta de olfato- cuando de ella se trata.Y eso que, a su intuición, se suma el hecho de ser directora de recursos humanos… ¡Qué ciertos son los refranes! “En casa del herrero, cuchara de palo”.

Comienza el nuevo curso, chicas. Y aunque me haya propuesto alejarme de la gente tóxica y llenar mi vida de personas positivas, también debo ser realista y reconocer que, alejarse por completo, es imposible, porque como comentaba antes, esos seres pueden formar parte de nuestro día a día.

En tales casos, he decidido adoptar la mentalidad de unos personajes literarios a quienes admiro mucho: La familia Petrosky. ¿No los conocéis? Bueno, no importa, ya los conoceréis. Incluso os prometo que compartiré con vosotras algunas de sus desventuras más memorables, con permiso de la autora, claro. ¿O es autor?

Os animo a que adoptéis la mentalidad Petrosky, especialmente la de la parte femenina – la verdad es que los chicos Petrosky son un tanto “radicales”-. Divinas y estupendas, las dos protagonistas principales, se suelen topar frecuentemente con gente tóxica, debido a su trabajo. Cuando eso ocurre, directamente ignoran a esos seres. Y si no tienen más remedio que soportales, muy divinas ellas, se las ingenian para quedar como damas, no se rebajan ni se ensucian… ¡Y eso me encanta! Hay que ser damas -o caballeros-. Y demostrar a toda esa gente tóxica que, no estamos dispuestos a ser sus víctimas y, sobre todo, que tenemos la elegancia y la generosidad suficiente para decirles “Bye, bye”… ¡Que la vida te dé lo que mereces, yo me voy!

Besos: Sara.

 

 

Autor: Sara Glam.