A la hora de elegir una chimenea para nuestro hogar nos encontramos con varios aspectos a tener en cuenta: decoración, intensidad calórica, limpieza, etc; son cosas que no debemos pasar por alto si no queremos arrepentirnos de una inversión que a menudo no es muy económica.

En primer lugar, tendremos que elegir qué tipo de chimenea queremos, teniendo en cuenta las ventajas y desventajas de cada una: chimeneas de leña o gas, eléctricas, de bioetanol o incluso de piedra o forja.

 Además, debemos saber con antelación en qué lugar de la casa queremos colocarla. Las chimeneas desprenden su calor por el “cuerpo” y el “tubo”, pero la presencia de paredes, muros u otras construcciones puede frenar esa radiación e inhibir todo su potencial. Por ello es necesario pensar en la arquitectura de la casa y elegir la opción más adecuada: las que vienen empotradas suelen guardar mejor el calor, gracias a la circulación del aire. Las que son abiertas dan menos calor, ya que una buena parte de la radiación se va por la chimenea.

Si la casa dispone de varias plantas, lo más recomendable es situarla en la planta baja, ya que de esta forma el calor subirá a los otros pisos. En cuanto a los materiales, las chimeneas tienen que estar recubiertas por ladrillo refractario.

Por otro lado, si la chimenea es de leña gran parte de su rendimiento dependerá del tipo de leña con que la alimentemos. La leña de gran calidad, como puede ser la de eucalipto, desprende mucho más calor.

Por último, es necesario llevar un mantenimiento en estas estructuras, comprobar que el tubo este limpio y conservarla bien para evitar problemas mayores.